Me manda este video mi amigo Clemente. No es nuevo pero sí divertido. Es verdad que podría tener otro título como “lo peor está por llegar”. Se lo he enseñado a Posti y se ha reído…No hay más que pensar.
“El crucifijo no genera ninguna discriminación. Calla. Es la imagen de la revolución cristiana que diseminó por el mundo la idea de la igualdad entre los hombres, hasta entonces ausente”. Quien escribió estas palabras, el 22 de marzo de 1988, fue Natalia Ginzburg en las páginas de “L’Unità”, el diario fundado por Antonio Gramsci, entonces órgano del Partido comunista italiano.
“El crucifijo representa a todos” -explicaba la escritora Natalia Ginzburg- porque “antes de Cristo nadie había dicho jamás que todos los hombres, ricos y pobres, creyentes y no creyentes, judíos y no judíos, negros y blancos, son iguales y hermanos”.
¿A quién hace daño? Espero que las personas que están detrás no les dé por atacar otro tipos de símbolos. El escudo del equipo de fútbol rival, el distintivo de un partido político…podrían ser los siguientes si entra en la idea de mentes exclusivistas e intolerantes.
Soy una chica de 28 años que en el vientre materno sufrió una malformación, por lo que nací sordomuda. Quisiera hacer patente la gran labor que hicieron mis padres para sacarme adelante, y ofrecerme los medios posibles para desarrollarme tanto física como intelectualmente. Puedo decir que he conocido, aprendido y experimentado como la gran mayoría de las personas, excepto en una cosa, que es el sentido de la audición y del habla normal. Algo, que efectivamente, eché de menos con frecuencia, pero que jamás me quitó la alegría de vivir.
También tuve la oportunidad de conocer a muchas personas, hombres y mujeres, que tienen otra deficiencia (ceguera, parálisis, retraso mental…), y viéndolas y hablando con ellas jamás tuve la imbecilidad de pensar que sería mejor para ellos renunciar a su primer derecho.
Con ocasión de su participación en el Congreso “Lo que verdad importa” han salido varias entrevistas sobre esta mujer.
Sharon Blynn, modelo y escritora, regresaba a casa para visitar a sus padres antes de volver a Nueva York, donde había trabajado y estudiado los últimos años.
Un día antes de coger el avión a Nueva York ese dolor de estómago que le llevaba dando la lata un tiempo se hizo más fuerte. No pudo marcharse. Ya en el hospital de Florida le fue diagnosticada una dolencia gastrointestinal que, tras una nueva serie de pruebas, se convirtió en una extraña forma de cáncer de ovarios.
“Cuando oí la palabra maligno mi primer pensamiento fue: Dios mío, voy a morir. Después de mi diagnóstico vinieron tres años de operaciones y quimioterapia, y más tarde el inimaginable dolor de comprobar, un año después de haberme dicho que estaba curada, que el cáncer había vuelto”. Sharon Blynn experimentó el miedo y la ansiedad que suponen enfrentarse a una enfermedad que puede ser letal. Sintió que todo su mundo se desplomaba, “como si de repente viviera la vida de otra persona”.
Pero en el dolor encontró una fuerza que nunca había imaginado. “Dicen que el dolor es el mayor motivador, y en mi caso no pudo ser más cierto. Estos años pasados han sido los más positivos y de conocimiento personal que he tenido nunca. Evidentemente, si me hubieran dado a elegir, habría preferido que me dejaran en medio de la nada sin agua ni alimento para conocerme a mí misma antes que afrontar un cáncer, pero no siempre podemos elegir, ¿no?”, explica Sharon.
De aquel viaje por la enfermedad no sólo se llevó una victoria (hoy está curada), sino también “pasión y alegría de vivir; una que nunca antes había tenido”. Pero Sharon también conoció un mundo de sufrimiento y vergüenza que estaba más allá del cáncer.
-¿Cómo ha cambiado su vida su enfermedad?
-Mi enfermedad me ha dado una energía renovada, pasión y una perspectiva de vida. He dado prioridad a un estilo de vida saludable mental, corporal y espiritualmente. He aprendido a amar, a cultivar mi vida día a día y a perseguir mis metas disfrutando cada momento.
“Me encontré con muchas mujeres hundidas por la caída del pelo y otros cambios físicos que provoca la lucha contra el cáncer”. Por eso, Sharon Blynn, una mujer joven y guapa, decidió hacer de la calvicie un signo más de belleza.
Una belleza distinta, pero igual de femenina. “Ninguna mujer debería disimular su calvicie, sino reinventar su belleza”.
Y en eso está Sharon, en enseñar una belleza que nazca desde el interior, fruto del bienestar personal. A través de su organización Bald is Beautiful [La calvicie es bella], de conferencias a lo largo y ancho del mundo y de su trabajo como modelo, Blynn cautiva allá por donde pasa.
Subo un video en inglés con subtítulos en portugés.
Ayer en una celebración de un cumpleaños en el colegio mayor donde vivo pusieron este video. No me acuerdo la interpretación que le dieron porque el tema de por sí es serio. Hoy lo he buscado y aquí lo pongo. El título es mío…