volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Archivos para Enero, 2007

El que no ha pasado por situaciones difíciles no se conoce bien.

Publicado por jorgellop on Enero 30, 2007

stoddart_tom_001.jpgAlgo parecido decía V. Frankl. Una de las cosas que hace el sufrimiento es volver nuestra mirada  hacia el interior, hacia nosotros mismos. Los enfermos dicen a menudo que lo peor de estar enfermo es que esa situación te hace centrarte en tí mismo. Se puede entender negativamente como ese conocido que enfermó gravemente y construyó su mundo al que sólo  tenía acceso su mujer.  Sus hijos casi no eran admitidos, sus amigos fueron excluidos. Lo hizo mucho más difícil…También se puede considerar desde otro punto de vista y vale lo que escribía S: Agustín: Dios quiere darnos algo, pero no puede porque nuestras manos están llenas. No tiene sitio en el que poner sus dadivas. La cruz, el dolor -podemos concluir- permite abrir un espacio a esos dones que cada uno debe descubrir.

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El dolor inútil y la Cruz

Publicado por jorgellop on Enero 26, 2007

 

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Edurne era  una vieja sirvienta que conocí hace meses. La atendí en sus últimos días de vida, y estoy seguro de que está en el Cielo. Cuando la vi por primera vez estaba sentada en un sillón, con una manta sobre las rodillas ytemblando como una hoja. La señora de la casa me puso al corriente de la situación:

-El médico dice que se muere…Y no sabemos de qué. Hasta hace unos meses seguía cuidando a los niños día y noche. Se desvivía. “No sé cómo les aguantas, Edurne, le decía yo…Déjalos estar. No los mimes tanto”. Pero ella se quitaba hasta dormir…Con decirle que, cuando mi hija tuvo lo del riñon…nada, una tontería…Pero quería ofrecer los suyos por si hacían falta para un transplante…Fígurese para trasplantes estaba la pobre…Bueno, pues hace dos meses le tuvimos que pedir que no trabajase más: apenas veía…teníamos miedo…Siguió viviendo con nosotros, pero se fue apagando.

(…)

-¿Y si el dolor no sirve para nada…?

 Yolanda tiene la habilidad de hacer la pregunta oportuna en el momento justo.

-¿A quién le sirve, por ejemplo, que yo tenga una enfermedad grave, un cáncer…?

-¿Y a quién servía  -le contesté- todo ese desvivirse de Edurne, cuando ya estaba casi ciega y más que una ayuda

era un estorbo, incluso un peligro?

-Supongo que a ella misma…Era su manera de estar viva, ¿no? 

Sí. Y, sobre todo, era la única forma de amar que le quedaba.  

Jesucristo nos descubrió este misterio. Él nos enseño que amar es, ante todo,  donación de uno mismo. No ama más el que más goza, sino el que vive hasta sus últimas consecuencias ese “Le doy mi ivda”, que tan alegremente decimos como si fuera una pura imagen lírica.

Dar la vida es, desde luego, una locura. Sólo los seres espirituales podemos hacerlo. Y la entrega en cada gesto, en cada renuncia, cada minuto; pero siempre, necesariamente, con dolor; porque nuestro ser  se resiste a ese enorme “desperdicio” de vida que es el amor. Por eso todos los enamorados del mundo sueñan con sufrir. Jesús hizo realidad su sueño y “nos amó hasta el extremo” con su Pasión y su Cruz.

Dios no quiere nuestro dolor…¿Para qué serviría? Pero nosotros sí lo necesitamos, porque es nuestra forma de amar, de estar vivos, de entregar el alma. ¿Cómo podríamos darla si no existiera el sacrificio?

 (Enrique Monasterio. www.almudi.org)

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Uno nunca sale indemne de un viaje al corazón del sufrimiento

Publicado por jorgellop on Enero 26, 2007

Esta frase que recoge el título la tomé del libro de Maire de Hennezel. Suya también es el comentario que hacía a un enfermo: ¿Sabes, querido Bernard, que eres una de las personas que más cosas me ha enseñado? Te he visto vivir y luchar contra tu enfermedad, he visto cómo te transformabas. Me has demostrado que una persona puede mirar la muerte a los ojos y seguir viviendo y dándole sentido a su vida.

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Un auténtico “calmante”: la asistencia llena de humanidad

Publicado por jorgellop on Enero 22, 2007

Todas las personas, especialmente las que pasan por momentos difíciles, agradecen tratar con personas que intentan descubrir lo que necesitan. ¿Qué esperan de mí? te puedes preguntar. No es fácil descubrirlo aunque siempre ayuda conocer a los que tratamos.  Puedo contestar con otra pregunta, ¿si yo viviese una situación parecida qué me gustaría que hicieran conmigo?

Leyendo hace algún tiempo el libro de Marie de Hennezel, “La muerte íntima”, recogí la siguiente historia que da en la diana.

Chantal, la enfermera de noche, con su característica locuacidad nos cuenta que Patricia, la joven mujer llegada esta misma víspera, hizo sonar el timbre varias veces durante la primera mitad de la noche valiéndose de pretextos diversos. Chantal se dio cuenta que estaba angustiada y estuvo a punto de suministrarle un calmante, pero se le ocurrió una idea luminosa. Fue a buscar una bandeja que cubrió con una servilleta blanca y colocó sobre ella dos bonitas tazas, un pequeño ramo de flores y una vela encendida. Después de preparar una buena tisana a base de verbena, con la que llenó las tazas, entró en la habitación de Patricia. Eran las dos de la madrugada. La paciente se sintió sorprendida y feliz, y a continuación se creo un distendido ambiente de festejo íntimo.   Crear un ambiente cálido y sosegado en torno a un enfermo angustiado es sin duda lo mejor que se puede hacer por él. Chantal lo sabe desde hace mucho, y muchos médicos se han sorprendido al comprobar el escaso número de calmantes y ansiolíticos administrados las noches en que ella cubre el servicio. Les da masajes, les cuenta una historia o sencillamente deja que hablen mientras ella los escucha junto a su cabecera. Y eso es lo que hizo con Patricia.    

Los demás no conocemos todavía a Patricia, que padece un cáncer de útero que se le ha generalizado y ya no puede levantarse de la cama.

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¿Dónde estaba Dios?

Publicado por jorgellop on Enero 19, 2007

Tu como yo ante un desastre has escuchado en más de una ocasión esta pregunta. La última  vez la escuche a raíz del atentado de Barajas. No pretendo en pocas líneas dar una respuesta definitiva. Es difícil de alcanzar. ¿Dónde estaba Dios? Donde le dejamos estar. Cuando se produce un hecho como el citado llevamos a Dios al banquillo de los acusados para juzgarle. En este caso,  su falta de intervención -puedes oír- ha permitido la muerte de dos seres inocentes. Pero Dios nos ha dado a todos los hombres el instrumento para evitar este tipo de actuación: el buen uso de la libertad. ¡Cuántos dolores ajenos se evitan usando bien de esta facultad!

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