volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Archivo de 4/06/07

Como cuando eramos novios

Publicado por jorgellop en Junio 4, 2007

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Como siempre cuelgo en el blog cosas que me gustan. Esta que transcribo me gustó desde el primer momento por el útlimo párrafo. Lo separo con varios espacios para aquellos que no quieran leerlo todo -la brevedad, es un consejo que te dan los expertos  en blogs- se dirijan directamente a ese punto.

“Algunos días, cuando me levanto –cuenta Pilar Fernández-Loza, una madre de familia en una entrevista recogida en www.opusdei.com- y pienso en la enfermedad de Cayetano, mi marido, me inunda una sensación de tristeza que me recuerda aquella canción de Edith Piaf: Buenos días tristeza. Pero rectifico enseguida y le pido ayuda a Dios para decir: Buenos días, esperanza”.

Cayetano lleva enfermo desde hace diez años. El primer síntoma fue en la Navidad de 1996, cuando fuimos a Bilbao a visitar a mi hijo. A la vuelta venía conduciendo y se perdió en dos ocasiones. Yo me quedé extrañada, porque se conocía la carretera como la palma de su mano. A partir de entonces empezó a tener dudas y distracciones. Bajaba, compraba el periódico y lo dejaba sobre la mesa, sin abrir…

- Pilarina (me decía, a la asturiana, aunque él es de Almería), algo me está pasando…

Un día, en la primavera del 98, se puso a hacer la declaración de la renta, como todos los años. Ejercía de auditor de banco y no sabía hacerla… Hasta que dijo: “vamos al médico”.

Era Alzheimer.

Desde entonces ha ido perdiendo progresivamente la memoria, y eso es muy duro, porque está… pero no está. Un día, durante una reunión, comentaban como van cambiando de expresión, de gesto, como van perdiendo la mirada… –“Quizá –les dije yo-. Pero los ojos de mi marido siguen siendo azules”.

 

“Gracias a Dios hemos sido un matrimonio muy afortunado: nos hemos querido mucho y nos seguimos queriendo, aunque ahora él no pueda expresarlo”

 

Yo procuro darle todo el cariño que puedo y no me tengo que esforzar, porque gracias a Dios hemos sido un matrimonio muy afortunado: nos hemos querido mucho y nos seguimos queriendo, aunque ahora él no pueda expresarlo. A veces, le acerco mi mejilla a sus labios, y aunque tarda en reaccionar, siempre me acaba dando un beso.

 

 Hemos sido muy felices en nuestro matrimonio, aunque no nos han faltado penas. Se nos murió un hijo con diecinueve años. Pero hemos tenido siempre la fuerza y el consuelo de la fe. Además, hemos recibido la gracia de la vocación. Somos supernumerarios del Opus Dei desde finales de los sesenta.

 

(…)

Yo pertenezco a una Asociación de Familiares con Alzheimer, AFAL, y formo parte de un grupo de cuidadores de personas con esta enfermedad, que procuramos ayudarnos entre nosotros, porque nuestra situación es muy difícil y dura. AFAL funciona muy bien: nos orientan, nos confortan, nos dan afecto y nos fijan metas; y contamos con las orientaciones de un psicólogo para el grupo que nos anima a cuidar de nosotros mismos, para transmitirle al enfermo el propio bienestar.

Porque esta enfermedad tiende a aislarte de los demás y las amistades vienen menos a verte, quizá como autodefensa: es tan triste contemplar a una persona se va apagando lentamente…

 

 

Yo a Cayetano le hablo mucho, aunque no me pueda contestar y no sepa si me comprende del todo. Y siempre, cuando regresa del centro de día, ayudado por otra persona, salgo a esperarle a la puerta de la calle, como cuando éramos novios.

     

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Si Dios me obsequiara con un poco de vida…

Publicado por jorgellop en Junio 4, 2007

Me han pasado una carta de Gabriel García Márquez, enfermo de cáncer, que tiene un sabor de despedida. Parece que no es suya como me han dicho alguna persona que ha tenido acceso a ella…

“Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por  lo que significan.

Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.

Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.

Escucharía cuando los demás hablan, ¡y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.

Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi o dio sobre le hielo, y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un pomea de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que les ofrecería a la luna.

Regaría con mis lagrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos…

Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida…No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.

 Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.

A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, ¡sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse!

A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.

A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.

Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres…He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por vez primera, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre. He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otra hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.

Son tantas las cosas que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo”

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