En la sala de espera de un hospital
Publicado por jorgellop en Noviembre 24, 2007
Hace unos días me encontraba en el reparto de Oncología para hacerme unas pruebas. En la sala de espera del TAC y PET me llamó la atención dos carteles pegados en la pared. Juntos para darse más fuerza. Uno era el anagrama que prohíbe fumar y el otro pedía silencio por respeto a los demás. Una televisión, a buen volumen, facilitaba que se cumpliese esa petición. Todo para evitar escuchar las conversaciones.
En esas salas de espera se palpa la tensión. Normalmente la gente no habla mucho pero el que lo hace llega a conseguir que todos se enteren de su proceso cancerigeno. Hay personas que dominan su propia historia clínica: dan detalles tras detalles. Como si quisieran dar a entender que domina la materia. Sí que suenan los móviles, son los familiares pero las conversaciones duran poco porque no hay más que decir que se sigue esperando o que ya me he tomado el litro y medio de contraste…Lo que nunca falta es la persona que se enfada y lo exterioriza porque no se cumple el horario de la cita. Se lo cuenta al que tiene a lado, se levanta y acude a la auxiliar que poco le puede decir, vuelve a su sitio para repetir a contar su queja. Menos mal que no da más de sí que unos pocos monosílabos como respuesta porque cada uno tiene allí su propio problema.
Me acordaba del músico Narciso Yepes de su modo ejemplar de estar en una sala de espera. Lo cuenta su mujer en el libro “Amaneció de noche” en el que narra los últimos años de la vida cuando estaba enfermo de cáncer.
“Llevamos un rato en la sala de espera del hospital de día de la Vall d´Hebrón aguardando turno para la quimio.
Narciso, sentado en una de esas sillas asépticas de hospital enganchadas unas con otras de forma que la distancia es suficiente para sentirse cerca del desconocido y lejos del ser que deseas cobijar, está ensimismado.
(…)
Va llegando gente. Madres con niños muy pálidos, jóvenes con la cabeza completamente calva, ancianos, mujeres contándose sus penas unas a otras. Por la puerta abierta veo pasar a una enfermera que conocemos de otros tratamientos. Yo me levanto como una flecha. Narciso me dice con autoridad:
-No se te ocurrirá pedir que me cuelen.
Me siento de nuevo a su lado (…) Me toma la mano y dulcemente sigue:
-No lo hagas, por favor. Todas estas personas sufren como yo, y yo sufro como ellos. En la enfermedad y en la muerte nadie tiene más importancia. Todos nos encontramos mal y todos tenemos una razón para que nos atiendan antes que a otros. No pongas en aprieto a las enfermeras, tienen mucho trabajo.
Intenta apoyar su cabeza en mi hombro como para soslayar el dolor de su cuello, es casi imposible por la distancia de las sillas enganchadas. Yo me arrimo, sentándome entre los hierros de unión (…)
-Mira a este niño, a él también le ha tocado. Seguramente ya está maduro para el sufrimiento.
El niño juguetea a nuestro lado. Tiene cuatro años (…)
No lo aguanto. Me levanto y salgo al pasillo.
“Padre-Madre, Dios nuestro, Cristo que has dado tu vida por nosotros todos, Espíritu Santo, acepta en ofrenda el sufrimiento de todo el hospital, hazlo útil! ¡No es posible que tantos seres sufran en vano! ¡Aunque no entiendan, aunque se desesperen, acepta su tiniebla, acepta la mía ahora mismo, te suplico Padre, por la pasión y muerte, por la resurrección de tu Hijo y Señor nuestro, Amén!
Regreso a la sala de espera. Se han ido llenando todas las sillas de plástico naranja. En cada una, anclado un problema, un sufrimiento irrepetible. Me vuelvo a sentar al lado de Narciso. (…) Abre los ojos y me sonríe, luego la apoya de nuevo sobre mi hombro”
Tod una lección de comportamiento y de acompañamiento.
Laura escribió
Quería compartir mi experiencia. No tengo cáncer. Pero sí tuve la mala o buena suerte, no lo sé, de que me operaran mal dos veces de la columna. Tuve una tercera cirujía para arreglar los desastres que habían hecho conmigo. Y, por momentos tengo mucha bronca,….pero por otros, le agradezco mucho a Dios, el don de la vida, que me devolvió una y otra vez…la capacidad de aprender de todo….de nuevo, a caminar, a pararme, a atarme cordones…..a ver las cosas desde otro horizonte…..Le agradezco, las personas que puso en mi camino, para sostenerme, cuando yo no podía hacerlo; incluso el poder redescubrir a personas cercanas con gestos sencillos, cotidianos, pero nuevos para mí.
Y tmb, me convertí en una experta en “animar y acompañar” a otros en salas de espera…y me gusta colaborar desde ahí.
Nos vemos.
Laura