volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Archivos para Mayo, 2008

Hacer del enfermo un «enfermo feliz»

Publicado por jorgellop on Mayo 14, 2008

 

Hace unos días me dejaron para leer el libro “El arte de ser feliz” (Ed. Libros Libres) del Padre Larrañaga, sacerdote franciscano. No lo he terminado aunque hay cosas que me han gustado.  Casi en las mismas fechas me he encontrado con una entrevista al autor en Zenit. Sólo recojo algunas de respuestas porque me parece muy larga para colgarla.

 

 

–¿Es posible que el hombre sea realmente feliz?

 

 

–Pare Larrañaga: Aunque mágica, la palabra felicidad no deja de ser una palabra equívoca. En realidad nadie es feliz, completamente feliz. Puede haber momentos de éxtasis o exaltación y en esos momentos parece que se ha llegado a la plenitud de la felicidad; pero ¡vana ilusión!, son momentos efímeros, fugaces. Puede haber ráfagas de felicidad, copas de alegría, pero ¿la felicidad misma? No. Lo que aborta la felicidad es el sufrimiento, y aquí podemos establecer una ley de proporcionalidad; cuanto más sufrimiento, menos felicidad; cuanto menos sufrimiento, más felicidad. «El arte de ser feliz» enseña a eliminar o aminorar cualquier sufrimiento y, por este camino, enseña no a ser feliz, pero sí a ser más feliz. He ahí el arte.

 

 

 –Un hombre que sufre enfermedad o dolor físico, ¿puede ser feliz?

 

 

–Pare Larrañaga: Se puede decir que cualquier dolor corporal ya ha sido eliminado con las medicinas modernas. Pero, ¿y la enfermedad? El problema de la enfermedad no es la perturbación biológica sino la resistencia mental que tiene la angustia. La angustia es el peor aguijón de la enfermedad. Un enfermo inundado de una gran paz es un enfermo feliz.

 

 

–Hay gente que cree que el hombre se tortura con angustias y obsesiones porque piensa demasiado.

 

 

–Pare Larrañaga: No porque piensa demasiado sino porque da vueltas en su mente, e inútilmente, a hechos consumados y episodios tristes. Y de tanto dar vueltas en su cabeza a sucesos tristes de la vida, las personas se hacen temperamentalmente tristes. Los hechos que no tienen solución o la solución no está en nuestras manos ¿para qué darles vueltas en la mente? Hay que dejarlos en manos de Dios.

 

 

–Al igual que aprendemos a leer, escribir… ¿tenemos que aprender a ser felices? ¿Depende de nosotros o de las circunstancias que nos toque vivir?

 

 

–Pare Larrañaga: En la época prehumana, los animales no se hacían problemas para vivir. Todos sus problemas los encontraban solucionados mediante mecanismos instintivos con los que resolvían, casi mecánicamente, sus necesidades elementales. Los animales no pueden ser más felices de lo que son. No tienen problemas. No se aburren. El hombre, en cambio, desde que sale a la luz, todo son problemas: tiene que comenzar a respirar, alimentarse, a andar, a hablar… y así, a lo largo de los años, y hasta la muerte, su existencia es un eterno aprender a vivir y ser felices. Es verdad que hay personalidades genéticamente proclives a la tristeza, otras a la alegría. También es verdad que ciertas circunstancias de la vida pueden favorecer u obstaculizar la dicha del vivir. Pero es el lector mismo quien tiene que poner en práctica los medios de autoliberación que el libro entregará y, en un proceso de progresiva superación del sufrimiento humano, avanzar paulatinamente hacia la tranquilidad de la mente, la serenidad de los nervios y la paz del alma.

 

 

–Usted da mucha importancia a la oración, ¿necesita de ella para vivir con alegría?

 

 

–Pare Larrañaga: Pienso absolutamente que el trato de amistad y la relación personal con Dios favorece enormemente, casi decididamente, la libertad interior, la ausencia del miedo y la alegría de vivir. Además sospecho que la oración y la actitud de abandono son el único camino de la paz profunda. De todas maneras pienso que los golpes rudos de la vida nos despedazarán inevitablemente si Dios está totalmente ausente del corazón.

 

 

–Y si no tienes fe ¿puedes ser igualmente feliz?

 

 

–Pare Larrañaga: Comprendo que puede haber hombres y mujeres completamente agnósticos e igualmente felices. Pero esto por excepción. El hombre, sin fe, tiene que sentir un gran vacío, allá, en la última soledad del ser, en aquel pozo infinito que sólo un infinito puede llenar. En todo caso, todas las reflexiones y orientaciones que entrega «El arte de ser feliz» van dirigidas a los que no tienen fe o la tienen débil.

 

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Morir en paz

Publicado por jorgellop on Mayo 11, 2008

Prometía esta carta al director. No es la primera vez que comento la presencia de sacerdotes en un hospital en ayuda a los enfermos. Ahora presento este testimonio, habrá miles como él, que contradice la campaña para expulsar de los hospitales la atención sacerdotal.

Hace pocos meses, falleció una amiga mía a causa de una grave enfermedad. Durante los meses que estuvo ingresada en un hospital de Barcelona solicitó, y tuvo la suerte de recibir periódicamente, la visita de un sacerdote que la confortó mucho. Yo misma fui testigo de estos encuentros en bastantes ocasiones y puedo asegurar que la llenaban de alegría y serenidad.

Fue la constancia y el desinteresado esfuerzo del sacerdote quien hizo más llevadera la enfermedad de esta amiga, cuando la ciencia –a pesar de la pericia y el buen hacer del personal médico- se había mostrado incapaz de sanarla. Murió en paz y confortada, por lo que no entiendo el empeño de algunas autoridades en prohibir, obstaculizar o demonizar la presencia de sacerdotes en los hospitales.

Si están en el hospital a nadie molestan, ya que acuden al lado de quienes los reclaman; pero si no se les permite el acceso, habrá sin duda muchos enfermos que se verán privados de una asistencia humana y espiritual en los momentos últimos de sus vidas a la que tienen derecho.

Estoy seguro que un médico preocupado por el bienestar integral de sus pacientes no tolerará semejante injusticia.

Fina Millán-Hita, Barcelona

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¿Madre, pasa algo si me enfado con Dios?

Publicado por jorgellop on Mayo 8, 2008

Lloviendo y lloviendo acabo de llegar de Gandía y me encuentro con esta carta en Alfa y Omega. Hay en este número otra que colgaré en los próximos días.

 

 

Me ha llamado mi amiga Chus. Tiene cáncer y está en tratamiento desde hace años en la Clínica Universitaria de Navarra. Mi alegrón es porque está contenta. Hace unos días le han diagnosticado metástasis varias. Chus es la típica andaluza, graciosa, sin decir nada especial. Es su forma de hablar, las cosas que le ocurren, su sentido del humor, sus ganas de vivir. Y me ha dicho: “Luisa, he cambiado el chip. El Señor me ha puesto en esta vida para algo y voy a luchar; vamos, que si quiere echarme de este mundo va a ser a sartenazos. Dice que se ha enganchao a San Josemaría Escrivá de Balaguer, y a todos los que le pasan por su mente en sus oraciones. Dice que nota que le están ayudando desde el Cielo. Chus no es del Opus Dei, su fe es una fe confiada, sencilla, entrañable. Se fía de su Dios, aunque a veces se enfada: Luisa, le he dicho a una monjita que estaba en la capilla: ¿Madre, pasa algo si me enfado con Dios porque tengo un día negro? Al despedirnos le he dicho: Chus, que yo sigo rezando desde aquí. Y  me ha dicho”Ya lo sé, Luisa”

Y me ha hecho feliz.

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Oración de Nennolina

Publicado por jorgellop on Mayo 6, 2008

Han sido varias las personas que me han pedido la oración de Nennolina, niña italiana de seis años que podría ser la beata más joven. Gracias a Elizabeth, porque la desconocía, puedo transcribirla para que se le pida gracias a Dios por su intercesión.

Oh Dios, Padre de los humildes, te damos gracias porque en Antonietta Meo nos has dado una imagen viva de tu Amor y de tu Sabiduría, revelada a los sencillos. Tú, que le concediste la Gracia de unirse a la Cruz de nuestro Señor Jesucristo y de sufrir con fortaleza y alegría, haz que ahora su gozo en la tierra sea para todos un ejemplo luminoso de fidelidad al Evangelio, concedenos su amor sencillo y ardiente a la Eucaristía y a la Iglesia; socórrenos en nuestra pobreza y por su intercesión, según tu santa voluntad, concédenos la gracia que confiados te pedimos. Amén.

Padre Nuestro, AveMaría, Gloria

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¿Por qué rezar el Rosario? 50 razones

Publicado por jorgellop on Mayo 3, 2008

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