volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Archivo de Julio 2008

En cada útero, un Auswitch

Publicado por jorgellop en Julio 28, 2008

 

No podían ser más gráficas estas palabras de D´ors para indicarnos la malicia  de un aborto. He visitado con grupos de universitarios, hace años, por los menos en cuatro ocasiones el campo de concentración de Auswitch. Mi experiencia es que lo que ves y supones, sin haberlo vivido, te lleva a pensar hasta donde puede llegar la persona humana cuando se deshumaniza.

 

No hemos aprendido. No han sido suficientes la malicia y los testimonios de ese campo de concentración para que no tropecemos en un nuevo genocidio.

 

El Papa Benedicto XVI rondaba esa idea,  hace unos días en Sydney, comentando:

 

 

¿Cómo es posible que el ámbito humano más sagrado y admirable, el seno materno, se haya convertido en un lugar de violencia indecible? 

 

No puedo hacerme más que preguntarme: cómo es posible, cómo es posible…No hemos aprendido las nefastas consecuencias en las personas y en la sociedad. Estamos ciegos. Como no me han vendido las bondades de Auswitch, no quiero que me vendan las bondades del aborto porque no las hay.

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Una razón más para acudir a la Confesión: dejar de sentirse culpable

Publicado por jorgellop en Julio 28, 2008

El cardenal Pell, en las JMJ en Sydney, dijo que está “convencido de que un elemento significativo tras la rabia y la hostilidad de mucha gente joven es el efecto de la culpabilidad desplazada, y todo lo que se dice sobre la primacía de la conciencia no les ayuda”.

“La gente se siente culpable –añadió–, aunque no le llamen culpabilidad. Tratan de enterrarla dentro de sí, pero después emerge en toda suerte de direcciones inesperadas”.

“En un tiempo en el que hay un creciente negocio de psicología, autoayuda, etc. –reconoce el cardenal–, es triste que se dé una caída en la práctica de la confesión, y la Jornada Mundial de la Juventud está ayudando a renovar esto: uno de los más importantes dones que la Iglesia ofrece”.

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Gracias, Antek: nos enseñaste a aceptar el dolor. A sostenernos con la fe.

Publicado por jorgellop en Julio 20, 2008

Es un poco largo pero vale la pena este testimonio. Está tomado de www.opusdei.org.

“Mamá, ¿me voy a morir?”, preguntaba Antek. La enfermedad y el dolor de un niño pequeño es un interrogante de difícil respuesta. Antek, de cinco años, le encontró un sentido. Esta es su historia.

Antek con 5 años, en su casa de Varsovia (Polonia).Nadie quiere que estas cosas ocurran, pero ocurren. Durante las vacaciones de verano, al “Caballero Antek” le dolió el estomago y se le quitaron las ganas de jugar con sus hermanas Marysia y Rosa. Se quedaba en la cama y lloraba.

Sus padres le llevaron a Urgencias, donde con una inyección le calmaron los dolores. “No le gustó nada -explica Dorota, su madre-, pero le alivió el dolor del estómago. Pensamos que sería algo puntual, pero cada vez volvíamos con más frecuencia al Hospital”.

Cuando terminaron las vacaciones, Antek comenzó a ir al colegio. Pronto se ganó a todos los profesores y compañeros, con su alegría y educación. Siempre jugaba a ser un caballero andante, y se comportaba como tal.

La familia de Antek vive en Varsovia (Polonia), donde los niños van a un colegio obra corporativa del Opus Dei.En su familia y en el colegio Sternik, una obra corporativa del Opus Dei en Varsovia (Polonia), rezaban por la salud de Antek. Algo no iba bien. El niño, en cambio, rezaba por otras muchas cosas, más o menos serias: por la paz en el mundo, por sus hermanas, por su equipo de fútbol…

Finalmente, los médicos se decidieron a operarle de apendicitis. Parecía la solución, pero sólo fue el inicio de ataques más fuertes de dolor de estómago.

- ¿Por qué tengo que estar en el hospital? –preguntaba Antek- ¿Por qué estoy enfermo?

Su madre, que no tenía muchas razones que darle, intentó explicarlo así:

- Hijo mío, si Jesús te mirase y te preguntara: “Antek, ¿me ayudas con la Cruz?”. Tú, ¿que le dirías?

- Pues…. bueno, que sí.

- Pues te lo está preguntando ahora.

Un sacerdote amigo de los padres de Antek fue a visitar al niño. Habló con él y le regaló un crucifijo pequeño, de madera. Desde entonces, Antek lo llevó siempre en la mano cuando le iban hacer una prueba o cuando le llevaban a la sala de operaciones.

Las enfermeras veían que el niño se acercaba la mano a la boca y le oían susurrar: “Jesús, confío en ti”.

Antek con sus padres, Sebastián y Dorota.El día que les iban a confirmar la diagnosis definitiva, Dorota cuenta que se dirigió al despacho del médico lentamente, al paso de una mujer el el noveno mes del embarazo. “Es un cáncer –les dijo el doctor a los padres-. Mañana empezamos con quimioterapia”.

El Caballero Antek se enfrentó con valentía y muy pocas fuerzas a este temido dragón. Sin pelo, con vómitos y débil, preguntó:

- Mamá, pero ¿qué me pasa?

La madre le dijo la verdad:

- Tienes una enfermedad que se llama cáncer. Los médicos van a intentar curarte, pero tienes que saber que a veces no lo consiguen.

- O sea, que me puedo morir.

- Bueno… como todos, como papá, como yo… Pero solo Dios sabe en qué orden.

El niño no añadió nada. Sólo se giró, tomó de la mesa su crucifijo y susurró otra vez: “Jesús, confío en ti”.

Antek recibió quimioterapia.La madre puso en marcha una cadena de oración: en la familia, entre los amigos. Cada día, recibía diferentes SMS en su móvil: “Hoy he ido a misa por Antek”, “Haré unos minutos de oración por tu hijo”… Dorota pedía oraciones a cualquiera. Un día, al bajarse de un taxi, dijo al conductor:

- “Mi hijo se está muriendo. ¿Podría usted rezar por él? “

Rezó e hizo rezar. Quería presentar a Dios “toneladas de oración”.

Antek luchó mucho contra el cáncer. Algunos días estaba fuerte y corría por todo el hospital como un rayo, revolucionándolo todo. Otros, sólo tenía fuerzas para ver la tele.

Y maduraba rápido. Cada vez con más frecuencia, preguntaba a su madre sobre la muerte, el Cielo, el porqué del sufrimiento.

- Mamá, ¿qué se hace en el cielo?

- Juega, corres con la bici, te diviertes con Dios…

La madre asegura ahora que las “toneladas de oración” dieron a Antek un descanso antes del final. Durante unos días, se encontró perfectamente, corría de aquí para allá, paseaba, había recuperado la felicidad…

Dorota pedía oraciones a cualquiera. Un día, al bajarse de un taxi, dijo al conductor: – “Mi hijo se está muriendo. ¿Podría usted rezar por él?“Pero los médicos sabían que el cáncer seguía creciendo, cada vez más rápido, y aconsejaron a los padres que lo llevaran a casa, donde se encontraría más tranquilo durante sus últimos días. Allí, recayó de nuevo.

Antek disfrutó del ambiente familiar. Desde su cama veía a su madre preparar la cena, a sus hermanas hacer los deberes, a su padre leyéndole un cuento.

Un día llamó a su hermana Róża, con quien a veces peleaba:

- Róża –le dijo-, eres tan bonita y tan buena. Yo te quiero, acuérdate.

En otra ocasión, su padre le dijo llorando:

– Hijo mío, si pudiera, moriría por ti.

El chico sonrió con dificultad y le respondió:

- Pero soy yo quien va a morir por ti.

Antek tenía 6 años y 9 meses.

Murió poco después a las siete de la mañana. En su tumba, un amigo dejó escrito: “Gracias Antek: nos enseñaste a aceptar el dolor que llega sin saber porqué. A sostenernos con la fe. A aceptar la voluntad de Dios y confiar en Él”.

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Mi amigo, el apostata

Publicado por jorgellop en Julio 14, 2008

 

—¿Me autorizas a escribir un artículo con lo que me contaste ayer?

 

—Si le sirve a alguien…

 

 

—Yo pienso que sí.

 

 

—Adelante, entonces.

 

 

—No te preocupes. Seré discreto. Esto fue lo que me dijiste:

 

“Cuando murió mi hermano pequeño de cáncer, abandoné toda práctica religiosa. Fue una decisión firme y fría. No estaba dispuesto a volver nunca más a la Iglesia. Supongo que eso es lo que llaman una apostasía. No perdí la fe. Era demasiado soberbio para pensar que había estado equivocado durante años. Por eso mi rencor hacia la religión y hacia Dios era más fuerte. Le dije a mi mujer que Dios no se merecía que yo creyera en él.

 

 

Menuda barbaridad. Ahora, al recordarlo, me parece diabólico. Marta me dijo que estaba volviéndome loco, que eso no tenía ningún sentido; pero a veces el dolor te hace perder la cabeza.

 

 

Lo malo es que mi locura duró quince años. Hace cinco o seis, Marta me habló de un matrimonio amigo, de Luis y a Teresa. Usted ya lo sabe, porque la maniobra fue suya. Pero, bueno, funcionó. Luis tiene la risa más alegre y contagiosa que he conocido. Me cayó bien. Me habló de Dios casi enseguida y yo le escuché por eso, porque me caía bien. Luego, sin darme tiempo para encontrar una buena excusa, me invitó a una conferencia sobre la Semana Santa.

 

El conferenciante habló del mal ladrón, que compartió con Jesús el suplicio de la Cruz y sólo le sirvió para blasfemar. Comprendí entonces que estaba hablando de mí. Luego se refirió al buen ladrón, que supo aprovechar el mismo sufrimiento para robar el Cielo en el último golpe de su vida.

 

 

Yo veía que los asistentes estaban todos de acuerdo, y hasta se reían. Se me ocurrió por un momento que se reían de mí, que habían montado aquel tinglado sólo para que yo oyera aquellas cosas. Como ve, seguía siendo un vanidoso estúpido.

 

No dormí en toda la noche. Al día siguiente le dije a Marta, que me separaba de ella; que me había traicionado contando mis problemas a un cura e inmiscuyéndose en mis asuntos sin tener el menor derecho.

 

 

Lloró tanto la pobre… Ya lo sabe usted. Terminamos los dos abrazados, llorando a lágrima viva. Me confesé…, y hasta ahora.”

 

 

 

 

 

Tomado del blog Pensar por libre de Enrique Monasterio

 

 

 

 

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Ingrid Betancourt, ¡menuda lección nos has dado!

Publicado por jorgellop en Julio 10, 2008

Hace unos días hablando con una persona por teléfono me comentó lo contenta que estaba por la liberación de Ingrid Betancourt. Me decía lo que había rezado para que llegase este momento. Le entendí a la primera porque ella sufrió muy cerca una situación parecida.

 

Hoy leyendo un periódico me he encontrado otra vez con unas declaraciones suyas que manifiestan la cantidad de gente que ha rezado por ella. Ingrid no los conocerá personalmente pero sus primeras palabras son de agradecimiento a Dios y a todos esos sujetos anónimos que han hecho suya la liberación aportando lo que tenían: la oración.

 

Vamos a ver si me sale la voz, porque estoy muy, muy emocionada. Acompáñenme, primero, a darle gracias a Dios, a la Virgen. Mucho le recé. Gracias a Dios, primero; segundo, a todos ustedes que me acompañaron en sus oraciones, que pensaron en mí, que me tuvieron en su corazón, así fuera por un momentito; que, de pronto, sintieron compasión por nosotros los secuestrados…

 

Algunos artículos, he procurado leer  sus intervenciones, han aprovechado para hablar del  misticismo de Ingrid. Esperaban posiblemente una persona hundida psíquicamente como aparecía en la famosa fotografía en la selva. ¿Dónde está el síndrome de Estocolmo? se preguntan todavía algunos. No imaginaban una mujer llena de fuerza y de fe…


El día de su liberación añadía:

 

 

Esta mañana, cuando me levanté, recé el Rosario, a las 4 de la mañana; me encomendé a Dios… Estuvimos esperando todo el día, no sabíamos qué… Oímos los helicópteros. Yo miré para arriba al cielo y pensé: ¡Qué curioso es sentir felicidad oyendo un helicóptero cuando, durante 7 años, cada vez que lo oigo me da miedo!… Nos dijeron que teníamos que subir esposados. Eso fue muy humillante. Rogaba a Dios que me diera fuerzas para aceptar las humillaciones que se iban a venir… Cerraron las puertas, y de pronto vi al comandante que durante cuatro años estuvo al mando de nosotros, que tantas veces fue tan cruel y tan déspota(…). Pero le di gracias a Dios de estar con personas que respetan la vida de los demás, aun cuando son enemigos. (..) No lo podíamos creer. Dios nos hizo este milagro. Esto es un milagro. Esto es un milagro que quiero compartir con ustedes, porque sé que todos ustedes sufrieron con mi familia, con mis hijos, sufrieron conmigo…

 

Esta no es la Ingrid que se conocía en Colombia han afirmado alguno de sus conocidos. La explicación está en las siguientes palabras:

 

 

En un secuestro uno deja muchas plumas, como la soberbia, la terquedad… Llegué (a la selva) con una cantidad de necedades…, pero termina uno zafándose de eso, liberándose. La mano de la Virgen en este proceso es clara para mí.

 

Simplemente, uno tiene dos opciones: odiar, o entregarse a Dios y buscar en una espiritualidad mayor la paz del corazón. No los odio… Que Dios bendiga a mis captores. Espero que esta experiencia les permita cambiar su corazón. Es la hora de que rectifiquen…

 

Todos podemos ser ángeles o demonios para los demás. Cada uno de nosotros en su interior puede ser extraordinariamente bueno y extraordinariamente malo. Y todos podemos caer en ese horror de ser lobos para otros.

 

Lo que es cierto es que tengo una fe inmensa. Pienso que mi liberación es un milagro. Lo pienso realmente. Antes tenía fe, pero era una fe ritual. Creía, sí, pero sin mucha preocupación. En la jungla, no podía despreocuparme. La fe ha sido mi fuerza, una presencia absoluta. La veo y puedo tocarla… Todo se lo debo a Dios… Pertenezco a Jesús. Soy de su Sagrado Corazón y no he desfallecido ni un momento en la oración…

En la muñeca de Igrid, su rosario

En la muñeca de Ingrid, su rosario

Ahora no puedo olvidar que dejo tras de mí a muchos seres humanos, víctimas de las FARC… (A los secuestrados:) Estoy con vosotros. Sé que muy pronto podremos abrazarnos. Os amo, a cada uno de ustedes lo llevo escrito en mi corazón.

 

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