volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

La Navidad en una residencia de ancianos

Publicado por jorgellop en Enero 1, 2009

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Como hoy es un día sin periódico toca repasar el de ayer. Me “tropiezo” con esta carta al director y, a pesar del pesimismo que le empapa, pienso que refleja esas otras navidades: las que viven los enfermos y ancianos, necesitados de cariño; las que sufren la separación de un ser querido; las que sobrellevan la soledad y el egoísmo de los seres más cercanos. Cuánto bien nos ayuda pensar en tantas personas que no viven como nosotros. Cuánto bien nos hace, más que al anciano y al que sufre la soledad, acercarnos a esas personas para agradecer el cariño y la compañía que gozamos con la gracia de Dios.

 

Esta es la carta:

 

Estos son días especiales en las residencias de ancianos. Hay más visitantes, ilusiones efímeras que se desvanecen en cuanto cruzan la puerta de salida, la que separa este mundo geriátrico del exterior.

 

En el comedor el aíre está viciado. Las sillas de ruedas se colocan en torno a unas mesas redondas, llenas de medicamentos, y los ancianos se miran con tristeza. Algunos han recibido la visita de familiares o amigos; otros esperan la llamada de sus hijos; o tal vez una sorpresa, quien sabe.

 

A la entrada han colocado un árbol de Navidad y un pequeño Nacimiento, pero cada habitación es un pequeño reducto donde se vive en soledad. Las circunstancias de cada uno son diferentes, pero todos agradecen que una mano amiga empuje su silla de ruedas, oque alguien les dé conversación.

 

El futuro no existe para ellos, y casi todos viven de los recuerdos. Su mayor estímulo es pensar en el menú de ese día, o soñar con que los dolores, esta vez, hayan ido a parar a otro lugar de su cuerpo, agotado por el peso de los años y de la vida.

 

En la calle se sufre el gran agobio consumista propio de estas fechas: gente que ultima sus compras, los escaparates repletos de posibles regalos, los turrones, luces de colores…Miro a un anciano con el cabello nevado y las manos temblorosas y me dicen con ironía: “Bueno, al menos es Navidad…”

 

 

Begoña Mardones, Madrid.

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