volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Oración a un niño enfermo

Posted by jorgellop en agosto 22, 2010

Estoy terminando una biografía de Juan Larrea, arzobispo de Guayaquil y primer ecuatoriano del Opus Dei. Por distintos motivos, no he podido leer mucho este verano. Pero lo que he leído ha sido de calidad. Este libro es un buen ejemplo.

Al final de sus páginas narra Antonio Vázquez, su autor, la enfermedad sufrida por d. Juan. En un momento se recoge el siguiente testimonio.

 

«A mitad de mayo, le hablé a don Juan en varias «A mitad de mayo, le hablé a don Juan en varias se encontraba muy enfermo, a consecuencia de un síndrome hemolítico, que sufría mucho y permanecía desde hacía dos semanas en cuidados intensivos. Sus padres estaban muy afectados, ya que Willi cada vez iba a peor, y los médicos no acababan de aclararse sobre su diagnóstico y tratamiento.

Hacia el 17 de mayo, Willi empeoró y su estado se complicó con una septicemia; los médicos pronosticaban lo peor. Volví a contarle la situación que vivía el niño, y que le íbamos a administrar los sacramentos adecuados a su edad. En esas circunstancias, le dio adecuados a su edad. En esas circunstancias, le dio esta carta:

 

Oración para rezar con un niño enfermo:

Jesús, soy un niño y hasta ahora no he podido rezar mucho. Quisiera haber rezado más y, sobre todo, mejor. Quisiera rezar siempre como cuando Tú eras Niño.

Si me das largos años de vida, concédeme rezar cada vez mejor, cada vez de manera más parecida a tu oración de Niño.

Tampoco he podido confesarme, ni comulgar, ni recibir la unción que purifica, reconforta y da la salud al alma y, a veces, también al cuerpo.

Ahora voy a recibir estos grandes sacramentos que nos dejaste para que todos podamos unimos más a TI.

Concédeme recibirlos de la mejor manera, como puede recibirlos un niño. Y, si me das larga vida, haz que cada vez te reciba con mayor fe, esperanza y caridad y acercándome a la sencillez y pureza que Tú esperas del mejor de los niños.

En cualquier momento o edad de la vida, que me acompañe siempre tu Madre bendita y madre mía, Santa María, y que con ella reciba siempre tus preciosos sacramentos. Y me ayude también san José. Amén.

Jaculatoria para repetirla muchas veces: Jesús, en tus manos encomiendo mi espíritu, mi alma.

El niño, pocos días después, sorprendentemente, se fue recuperando y una semana después pudo salir del hospital.

 

A Willi le gustó mucho la carta y le contestó enviándole su agradecimiento en forma de unos dibujos, ya que sabía que le gustaba la pintura. Su madre me decía que ahora Willi se encomienda a don Juan frecuentemente, para pedirle que le ayude a recuperar la normalización de su salud»

 

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