volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

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¿Madre, pasa algo si me enfado con Dios?

Publicado por jorgellop on Mayo 8, 2008

Lloviendo y lloviendo acabo de llegar de Gandía y me encuentro con esta carta en Alfa y Omega. Hay en este número otra que colgaré en los próximos días.

 

 

Me ha llamado mi amiga Chus. Tiene cáncer y está en tratamiento desde hace años en la Clínica Universitaria de Navarra. Mi alegrón es porque está contenta. Hace unos días le han diagnosticado metástasis varias. Chus es la típica andaluza, graciosa, sin decir nada especial. Es su forma de hablar, las cosas que le ocurren, su sentido del humor, sus ganas de vivir. Y me ha dicho: “Luisa, he cambiado el chip. El Señor me ha puesto en esta vida para algo y voy a luchar; vamos, que si quiere echarme de este mundo va a ser a sartenazos. Dice que se ha enganchao a San Josemaría Escrivá de Balaguer, y a todos los que le pasan por su mente en sus oraciones. Dice que nota que le están ayudando desde el Cielo. Chus no es del Opus Dei, su fe es una fe confiada, sencilla, entrañable. Se fía de su Dios, aunque a veces se enfada: Luisa, le he dicho a una monjita que estaba en la capilla: ¿Madre, pasa algo si me enfado con Dios porque tengo un día negro? Al despedirnos le he dicho: Chus, que yo sigo rezando desde aquí. Y  me ha dicho”Ya lo sé, Luisa”

Y me ha hecho feliz.

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Desde el vientre gemelas inglesas salvaron la vida de su madre… a patadas

Publicado por jorgellop on Febrero 20, 2008

Alice y Harriet Stepney tienen poco más de un año de vida. Estas gemelas inglesas aún no saben que durante su gestación salvaron la vida de su madre al expulsar con sus patadas parte de un tumor maligno alojado en su útero.

 

Según el sitio pro-vida LifeSiteNews.com, los médicos que atendieron a Michelle Stepney aseguran que esta madre de familia inglesa de 35 años ganó una guerra contra el cáncer gracias a sus hijas.

 

A las 17 semanas de embarazo, Michelle tuvo un sangrado y acudió al médico porque pensó que había sufrido un aborto espontáneo. Gran fue sorpresa al saber que no había perdido a sus niñas, ellas seguían creciendo en su vientre y con sus patadas habían removido parte de un tumor cancerígeno en su útero.

 

Los médicos advirtieron a la madre que debía someterse a un aborto para iniciar un tratamiento de inmediato y evitar que el cáncer avanzara. Sin embargo, Michelle –que tiene un hijo mayor de 5 años- no podía sacrificar a quienes habían permitido que detectaran su enfermedad. Decidió seguir adelante con su embarazo y someterse a un tratamiento especial de quimioterapia que no afectaría a las niñas.

 

“Le debo mi vida a mis niñas, y por eso nunca hubiera podido estar de acuerdo con el aborto. Sabía que una operación me hubiera podido curar el cáncer, pero eso hubiera significado deshacerme de mis bebés y nunca habría podido hacerlo”, asegura.

  

“No podía creer lo que me decían los médicos: las bebés sacaron el tumor. Las sentía patear, pero no me daba cuenta de lo importante que eso sería. Nacieron sin cabello, dada la quimioterapia, pero pese a eso, estaban saludables. Escucharlas llorar fue el mejor sonido del mundo”, sostiene.

 

Alice y Harriet nacieron por cesárea y con buena salud en diciembre de 2006. Cuatro semanas después, esta joven madre fue sometida a una histerectomía para eliminar por completo el tumor, que no se había extendido. Hace unas semanas unas pruebas revelaron que no quedan rezagos del cáncer; y sus gemelas celebraron su primer cumpleaños.

 

“Las gemelas fueron también una gran ayuda. Me mantuvieron fuerte durante todo el proceso. Me siento afortunada.

(Noticia tomada de www.almudí,org)

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Si voy a morir, mi bebé vivirá

Publicado por jorgellop on Febrero 9, 2008

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“Si voy a morir, mi bebé vivirá”. Con estas palabras, Lorraine Allard, una madre inglesa de 33 años de edad, respondió a los médicos que le plantearon abortar al hijo que esperaba para someterla a un tratamiento de quimioterapia contra el avanzado cáncer que padecía.

   

Lorraine y Martyn Allard tenían tres niñas: Leah, Amy y Courtney, de diez, ocho y casi 2 años respectivamente, cuando supieron que el hijo por nacer sería varón.

  

A los cuatro meses de embarazo, Lorraine comenzó a padecer fuertes dolores de estómago. Las pruebas arrojaron que tenía varios tumores en el hígado, producto de un cáncer que había avanzado en silencio por años. La noticia fue devastadora.

  

“Los médicos dijeron que no podían hacer nada contra la enfermedad porque estaba embarazada. Ella les dijo inmediatamente que no se desharía del bebé”, recuerda Martyn.

  

El pequeño Liam nació el 18 de noviembre pasado, a las 25 semanas de gestación.

  

Se programó una cesárea en el Hospital de la Universidad Norfolk y Norwich, pero Liam nació una semana antes de la fecha prevista por parto natural. Pesó poco más de 500 gramos y recibió un beso de su madre antes de ser introducido en la incubadora.

  

A pesar de su estado prematuro extremo, los médicos confían en que saldrá adelante. Lorraine comenzó un agresivo tratamiento contra el cáncer tras el parto, pudo sostener a su hijo en brazos en varias ocasiones pero falleció el 18 de enero pasado.

  

“Lorraine siempre mantuvo una actitud positiva, tuvo fuerza para sostenernos a ambos. Siempre supimos que las cosas no estaban bien, pero permitir que Liam naciera fue su máxima alegría”, agrega.

  

Martyn asegura que Lorraine “estaba decidida a darle la mejor oportunidad para sobrevivir y la alegró mucho el hecho de no ser sometida a una cesárea porque no necesitó recuperarse de la operación, pudo someterse a la quimioterapia sin ser hospitalizada y visitó a Liam varias veces”.

  

Liam ha respondido bien a los cuidados y se espera que pueda llegar a casa a principios de marzo.

  

“Los médicos nos dijeron que el cáncer no tenía cura, aunque trataron de disminuir los tumores. El día que murió, Lorraine llevaba dos semanas sin comer y no podía beber. Su muerte fue muy pacífica, me tomó la mano y nos abrazamos, su corazón se apagó”, recuerda Martyn y asegura que ha decidido que cuando Liam crezca no le dirá que su madre murió por él, sino que se aseguró de darle la oportunidad de vivir.

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Nennolina:italiana de seis años podría ser la beata no mártir más joven

Publicado por jorgellop on Diciembre 23, 2007

La santidad, a la que estamos llamados todos, no conoce edades, ni profesiones. Hace unos minutos redactamos una noticia sobre la santidad de Lolo, un periodista y, ahora, es el turno de la acción de Dios en una niña de seis años. La niña italiana Antonia Meo, que murió heroicamente de un tumor en los huesos con seis años y medio, llamada familiarmente «Nennolina», podría llegar a ser la beata más joven no mártir de la historia de la Iglesia.

Antonietta Meo nació en Roma, el 15 de diciembre de 1930, en una familia de sólidos principios morales y religiosos, en la que se rezaba el rosario todos los días. Era una niña muy avispada, siempre alegre y a la que gustaba cantar.

Un día, se cayó golpeándose la rodilla con una piedra. Pero el dolor parecía no remitir. Los médicos al principio no llegaban a determinar el origen del dolor hasta que le fue diagnosticado un «osteosarcoma», cáncer de huesos.

Hubo que amputarle una pierna. Nennolina, que entonces tenía poco más de cinco años, tuvo que llevar una pesada prótesis ortopédica, pero su vivacidad siguió siendo la misma de siempre. Es más, multiplicó sus oraciones y tomó la costumbre de poner a los pies del crucifijo, cada tarde, una cartita que primero dictaba a su madre y luego escribía ella misma.

De este modo, dejó un diario, más de cien mensajes a Jesús, María, Dios Padre y el Espíritu Santo.

Nennolina, a pesar de sus pocos años, comprendió que, en el calvario, María sufrió con Jesús y por Jesús, y escribe: «Querido Jesús, Tú que has sufrido tanto en la cruz: quiero hacer muchos ofrecimientos y permanecer siempre en el calvario cerca, cerca de ti y de tu mamá». (28 de enero de 1937).

«Querido Jesús –escribe en otra ocasión–, yo te amo mucho, me quiero abandonar en tus manos (…) me quiero abandonar en tus brazos, y haz de mí lo que tú quieras»; «tú ayúdame con tu gracia, ayúdame tú, que sin tu gracia no puedo hacer nada».

Durante las frecuentes hospitalizaciones, pedía que la llevaran en silla de ruedas todos los días ante una imagen de Nuestra Señora para recitar oraciones y poner ante sus pies flores campestres recogidas por su madre.

El día de la Inmaculada de 1936, cuando se acercaba su última Navidad, Nennolina escribía: «¡Estoy contenta porque hoy es tu fiesta, querida Virgencita! (…) Otra vez que sea tu fiesta y la de Jesús haré pequeños sacrificios, y di a Jesús que me haga morir ¡antes que cometer un pecado mortal!».

Consumida por el tumor, tras largos sufrimientos, Nennolina se apagó el 3 de julio de 1937, a los siete años no cumplidos, en sábado, en una clínica romana a dos pasos del monte Celio.

(Noticia tomada de Zenit)

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Doctora, enferma de cáncer, cambia su manera de pensar sobre la eutanasia

Publicado por jorgellop on Diciembre 11, 2007

Leo en la agencia Zenit la siguiente noticia de la que tomo algunos párrafos.

Casada y madre de un hijo, Sylvie Menard, de sesenta años, dirige el Departamento de Oncología Experimental del Instituto de Tumores de Milán (Italia), donde trabaja desde 1969. En un reciente congreso en Milán declaró que, desde que se descubrió enferma, su perspectiva sobre estos temas ha cambiado», publicó el 28 de noviembre el diario italiano «Avvenire». Sigue en terapia de un cáncer que no tiene aún curación. Trabaja y lleva una vida normal. Se describe como una laica, no creyente.
El 26 de abril de 2005 «la mujer que había sido hasta entonces había muerto. El examen mostraba un tumor en la médula, un tumor incurable. Me miré en el espejo de casa: “imposible”, me decía; me encuentro muy bien. Logré dormir sólo cuando me convencí de que se trataba de un error», cuenta la especialista.
«Conocí la imposibilidad, de golpe, de trazar cualquier proyecto. Era como tener delante un muro –reconoce la oncóloga–. El futuro sencillamente ya no existía» y «descubrí que existe todavía una palabra tabú, la palabra cáncer», pues «hay quien te teme, como si fuera contagioso».
Vaciló en someterse a terapia, consciente de que no habría curación. «Quería permanecer todavía entre los sanos», dice. Se sucedían las noches difíciles, pues, como alerta, «cuando tienes un cáncer lo que cuenta son las noches». Finalmente eligió la terapia.
«Algo en mí reaccionó. Aún sin meta de curación, prolongar la vida algunos años, de improviso, se convirtió en mí en algo fundamental; quería vivir hasta el final», relata.
«Cambió la conciencia de la vida misma. Cuando estás sano, piensas que eres inmortal. Cuando en cambio tu final ya no es virtual, la perspectiva se da la vuelta», expresa.
«También yo, antes, hablaba de “dignidad de la vida”, una dignidad que me parecía mellada en ciertas condiciones de enfermedad. Como sano se piensa que pasar por que te laven o te den de comer es intolerable, “indigno”. Cuando llega la enfermedad, se acepta hasta vivir en un pulmón de acero. Lo que se quiere es vivir. No hay nada de indigno en una vida totalmente dependiente de los demás. Es indigno más bien quien no logra ver en ello la dignidad», subraya.
En su itinerario por la quimioterapia, la doctora Menard reflexiona sobre el debate de la eutanasia y sobre el caso de Eluana, la joven italiana en estado vegetativo cuyo padre quiere dejar morir.
«¿Pero sabemos que esa joven no tiene ningún cable que desconectar? –advierte la oncóloga–. ¿Que la hipótesis es la de dejarla morir de hambre y sed? ¿Sabemos que “estado vegetativo permanente” no quiere decir que no exista ninguna actividad cerebral? En un reciente trabajo científico se ha demostrado que si se pone ante los ojos de uno de estos enfermos una fotografía de personas queridas, y se hace una resonancia magnética, se ve la puesta en marcha de una actividad cerebral. ¿Cómo se puede decidir suspender la alimentación?».
En síntesis, para la doctora Menard  «cuando te encuentras ahí, cambias de idea» sobre la eutanasia. Insiste en que la verdadera petición de los enfermos es la de no sufrir: «Debe hacerse todo lo posible contra el dolor», pide.
«La verdadera batalla, dice, es contra el dolor. No [una batalla] por una muerte que, en la experiencia amplísima del Instituto de los Tumores, los “verdaderos” enfermos no piden. Reclaman, en cambio, no ser abandonados», escribe «Avvenire».
Y cita de nuevo a la doctora Menard, quien admite: «Temo que la eutanasia pueda ser la lógica que avance si de muchos enfermos, cuando mueren, se dice sólo: “por fin”».

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