Archivos de la categoría ‘enfermedad’
Siempre tuve la alegría de vivir
Publicado por jorgellop en Noviembre 6, 2009
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La calvicie es bella
Publicado por jorgellop en Noviembre 2, 2009
Con ocasión de su participación en el Congreso “Lo que verdad importa” han salido varias entrevistas sobre esta mujer.
Sharon Blynn, modelo y escritora, regresaba a casa para visitar a sus padres antes de volver a Nueva York, donde había trabajado y estudiado los últimos años.
Un día antes de coger el avión a Nueva York ese dolor de estómago que le llevaba dando la lata un tiempo se hizo más fuerte. No pudo marcharse. Ya en el hospital de Florida le fue diagnosticada una dolencia gastrointestinal que, tras una nueva serie de pruebas, se convirtió en una extraña forma de cáncer de ovarios.
“Cuando oí la palabra maligno mi primer pensamiento fue: Dios mío, voy a morir. Después de mi diagnóstico vinieron tres años de operaciones y quimioterapia, y más tarde el inimaginable dolor de comprobar, un año después de haberme dicho que estaba curada, que el cáncer había vuelto”. Sharon Blynn experimentó el miedo y la ansiedad que suponen enfrentarse a una enfermedad que puede ser letal. Sintió que todo su mundo se desplomaba, “como si de repente viviera la vida de otra persona”.
Pero en el dolor encontró una fuerza que nunca había imaginado. “Dicen que el dolor es el mayor motivador, y en mi caso no pudo ser más cierto. Estos años pasados han sido los más positivos y de conocimiento personal que he tenido nunca. Evidentemente, si me hubieran dado a elegir, habría preferido que me dejaran en medio de la nada sin agua ni alimento para conocerme a mí misma antes que afrontar un cáncer, pero no siempre podemos elegir, ¿no?”, explica Sharon.
De aquel viaje por la enfermedad no sólo se llevó una victoria (hoy está curada), sino también “pasión y alegría de vivir; una que nunca antes había tenido”. Pero Sharon también conoció un mundo de sufrimiento y vergüenza que estaba más allá del cáncer.
-¿Cómo ha cambiado su vida su enfermedad?
-Mi enfermedad me ha dado una energía renovada, pasión y una perspectiva de vida. He dado prioridad a un estilo de vida saludable mental, corporal y espiritualmente. He aprendido a amar, a cultivar mi vida día a día y a perseguir mis metas disfrutando cada momento.
“Me encontré con muchas mujeres hundidas por la caída del pelo y otros cambios físicos que provoca la lucha contra el cáncer”. Por eso, Sharon Blynn, una mujer joven y guapa, decidió hacer de la calvicie un signo más de belleza.
Una belleza distinta, pero igual de femenina. “Ninguna mujer debería disimular su calvicie, sino reinventar su belleza”.
Y en eso está Sharon, en enseñar una belleza que nazca desde el interior, fruto del bienestar personal. A través de su organización Bald is Beautiful [La calvicie es bella], de conferencias a lo largo y ancho del mundo y de su trabajo como modelo, Blynn cautiva allá por donde pasa.
Subo un video en inglés con subtítulos en portugés.
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Protagonistas del cambio no simple espectadores.
Publicado por jorgellop en Noviembre 1, 2009
Ayer en una celebración de un cumpleaños en el colegio mayor donde vivo pusieron este video. No me acuerdo la interpretación que le dieron porque el tema de por sí es serio. Hoy lo he buscado y aquí lo pongo. El título es mío…
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El circo de la mariposa
Publicado por jorgellop en Octubre 25, 2009
El corto The Butterfly Circus gana el primer premio del concurso The Doorpost Film Project: el galardón reconoce los valores de esperanza y dignidad humana en el filme, protagonizado por Eduardo Verástegui y el joven australiano Nick Vujicic, que nació sin brazos ni piernas.
En el blog (http://volveranacer.wordpress.com/2008/04/04/sin-manos-sin-pies-sin-preocupaciones/)
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Dios no se va a tomar café
Publicado por jorgellop en Octubre 20, 2009
Me ha gustado mucho este testimonio de www.opusdei.es. Hay mucha gente buena que a diario nos dan lecciones de vida y optimismo. Lo copio al completo. Largo pero bueno.

Ana se quedó embarazada al poco de casarse. A las 6 semanas se hizo una ecografía: “la de la ilusión”, la llaman ellos. La segunda, a las 12 semanas, “la de la duda”, afirma Tomás: como radiólogo le llamaron la atención las dimensiones de las extremidades del feto…
Ana estudió Humanidades y dirige un Centro de Educación Infantil en Pamplona. Tomás es médico radiólogo de la Clínica San Miguel, también en la capital navarra. Los dos son del Opus Dei.
Tomás y Ana se casaron hace ahora siete años en la parroquia de la Purísima Sangre, en Castellón. Un proyecto en común, mucha ilusión, toda la vida por delante. La foto está sobre el bureau del comedor de su casa.
Ana se quedó embarazada al poco de casarse. A las 6 semanas se hizo una ecografía: “la de la ilusión”, la llaman ellos. La segunda, a las 12 semanas, “la de la duda”, afirma Tomás: como radiólogo le llamaron la atención las dimensiones de las extremidades del feto.
La tercera ecografía en la semana 20, fue “la del derrumbe”. Había muchas posibilidades de que el niño que esperaban sufriera una enfermedad en la que el bebé muere en el parto, o inmediatamente después. Lo previsible era que su hijo naciera y muriera a la vez.
“Tu hijo respira, parece que quiere vivir”
Tomás tiene un gen recesivo que se hereda y Ana tiene ese mismo gen. Algo que ocurre una vez de cada 150.000 y que ya había afectado al hijo que esperaban.
Ana le rezaba cada noche a Dios: “Si me has mandado un hijo, ¿por qué me lo quieres quitar? Mándamelo enfermo, pero no te lo lleves. Es mi hijo”. No compraron cuna. Ni cochecito. Ingresó en la Unidad de partos de riesgo del Hospital Virgen del Camino, donde pusieron todos los medios para que el niño viviera el mayor tiempo posible. Ana dio a luz y Tomás se llevó al bebé. Lo bautizó en el mismo quirófano: le llamaron Miguel. Ana le preguntó a la comadrona si ya había fallecido y ella respondió que oía a un niño llorar. El médico neonatólogo añadió: “Tu hijo respira, parece que quiere vivir”.
Miguel tiene ahora seis años. Padece una enfermedad que se llama displasia diastrófica. La palabra “diastrófica” es un término geológico que se aplica a los montes. El esqueleto se fosiliza; llegará un momento en el que no se podrá mover, no podrá andar. Y todo por un gen recesivo heredado, unido a otro gen recesivo también heredado, idéntico.
“Lo que es una bendición es tener un hijo. Es tu hijo, y lo quieres, independientemente de cómo sea. Cuando quieres a alguien de verdad te da igual cómo sea”, comenta su madre.
Ese gen incompatible que tienen Tomás y Ana arrastra una estadística: de cada cuatro embarazos con esta combinación de genes, uno sale con la enfermedad.
Así, llegó Juan, perfectamente sano y que ahora está a punto de cumplir 4 años. Y más tarde apareció Jimena. Apareció, porque no la esperaban.
He encontrado «algo» por lo que dar la vida
Y se repitió la misma secuencia que con Miguel: ecografía a las 6 semanas, y otra, a las 12. Ya sabían que estaba afectada. Y “ése fue el punto culminante” dice Tomás, “porque sabes a lo que te enfrentas y, precisamente porque lo sabes, te derrumbas. Pero, o crees en Dios o no crees. Dios está detrás de esto, claramente. A Él no se le escapa nada, contaba con Jimena: Dios no se va a tomar café. No se despista. Cuida de ti, de nosotros”.
Hoy Jimena tiene dos años y medio y todavía no camina; comparte la enfermedad con su hermano Miguel, que ya cursa P5 en la escuela. Sus padres entienden que, en el día a día y a la larga, Miguel apoyará a Jimena y Jimena a Miguel. Y Juan, el mediano, entenderá a la larga y en el día a día que «un enfermo es un tesoro», como le gustaba decir a San Josemaría.
“En nuestra sociedad no se ven niños con esta enfermedad porque ante la más mínima sospecha los abortan”, apunta Ana. Pero yo tengo a alguien por quien meter cabeza, vida, alma y corazón. No puedo olvidarme de mis hijos. Si puedo con esto, me como el mundo. He encontrado «algo» por lo que dar la vida: mis tres hijos hacen que la vida valga la pena”.
«Esto» es de Dios y mío
“Ser del Opus Dei me aporta un plus de paz”, dice Ana, “me siento más acompañada, sé que no estoy sola. He llegado a entender que Dios me va cincelando a través de esta gran prueba. No ha sido fácil. Pero hay un punto en el que ves que «esto» es de Dios y mío”. Tomás remata: “El dolor es un punto de encuentro con Dios, ahí lo encuentro, apoyándome cada día. El dolor es incomunicable”. El dolor es compatible con la fe: “percibo que creer en Dios, en Jesucristo en la Cruz, es una herramienta básica para llevar esta situación”.
(…)

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