
En estas semanas he hablado con alguna persona que sus hijos pueden tener ciertos problemas de desarrollo. Están poniendo todo de su parte para que el diagnóstico sea cuanto antes el acertado. Van de un médico a un especialista, de una prueba a otra, de un centro médico a un hospital. Muchas salas de espera, mucho tiempo para pensar lo qué será el futuro de ese hijo. Son personas que les cuesta, como es normal, entender la situación pero aceptan las cosas como algo querido por Dios. Por eso rezan y hacen rezar. Algo que procuramos hacer los que estamos junto a ellos cada vez con más constancia. Son conscientes que hay que tener paciencia, que deben de contar con el tiempo.
Hoy ordenando una estantería me he encontrado con un libro titulado: FAVORES QUE PEDIMOS A LOS SANTOS. 200 relatos en vivo de la intercesión de San Josemaría. Me he puesto a ojearlo y he encontrado uno que me ha hecho recordar la situación de esas personas que tienen sus hijos problemas de aprendizajes. Hago un pequeño resumen de este favor. Lo cuenta una madre italiana.
Tengo dos hijos guapísimos de diez y cuatro años. El mayor ha tenido, desde su nacimiento, ligeros problemas que han trastornado mi vida. Cuando comenzó a asistir a la escuela primaria, las cosas se precipitaron: hablaba poco, mal y tenía una inmadurez de dos años de diferencia respecto a sus compañeros.
Han sido cinco años duros, acompañados de un ir y venir a distintos especialistas; pero ninguno sabía indicamos un tratamiento adecuado, porque el niño no tenía problemas de aprendizaje, sino de ejecución, de comportamiento de inmadurez.
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Entre sus crisis y, sobre todo, las mías y las de su padre; entre llantos y una mezcla de «odio-amor», llegamos al quinto año de la escuela, siempre con su profesora de apoyo y con los problemas habituales de inmadurez, concentración, ejecución lenta.
En casa ya no se podía vivir No conseguía aceptar a este hijo, y menos a mi marido, a quien culpaba de que nuestro hijo presentase estos problemas. Hasta que, a finales de enero, recibí la Hoja Informativa n° 20. No la miré enseguida, pero la dejé sobre el mueble, al alcance de la mano. Una mañana, en plena crisis de abatimiento, la miré, y algo me movió a leer y a releer las cartas de los devotos al Padre. Entonces decidí rezar al San Josemaría, hasta que me hiciera aceptar con amor a mi hijo con todas sus deficiencias.
Pocos días después me sentí más serena y veía a mi hijo distinto; pensé decir la oración de la estampa con él. Por la mañana, después del desayuno, rezábamos al Padre para que me transmitiese a mí mucho amor para dárselo a mi familia y a él ayuda para superar sus dificultades.
En solo tres mañanas su rendimiento escolar había mejorado notablemente. ¡Incluso las maestras estaban sorprendidas del cambio! Y (o me sentía otra persona, y en :asa había vuelto la armonía familiar. A mitad de febrero presenté los módulos de inscripción para la escuela secundaria y estaba en espera de una llamada de las profesoras para pedir de nuevo el refuerzo, también para los tres próximos años.
Mientras tanto, el niño «florecía»: hablaba muy bien. Sin trabarse, escribía cada vez mejor y traía a casa buenas notas (incluso A). El 23 de febrero fui a recoger las libretas escolares y, con gran sorpresa por mi parte, me informaban de que no necesitaría refuerzo en la escuela secundaria, , porque ahora su único problema era la lentitud.
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Finalmente, mi marido ha comenzado a rezar y a creer sin dudan Hemos empezado también a ir a la parroquia a Misa, los cuatro juntos, sin I sentimos obligados y con serenidad.
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Estoy convencida de que todos estos cambios se deben a la intercesión del San Josemaría. Nosotros continuamos rezando y dando gracias. Cada mañana pedimos que permanezca cerca y nos ayude a mantener todo lo que hemos conseguido. Yo sé que él está siempre presente y. cuando me desanimo un poco, me dirijo a él con un pensamiento y una oración, y rápidamente estoy mejor.
En la presentación de este libro de favores nos dice textualmente: “en el Cielo, Dios les concede la posibilidad de continuar la misión que cumplieron aquí abajo, pero aún más fecundamente. “Desde el Cielo os podré ayudar mejor”, nos decía San Josemaría al final de su vida”
Se ve, con este favor como con tantos otros, que es así. Está muy activo: no se queda sólo en solucionar un problema concreto pedido sino que va más allá, consigue la armonía, la vuelta a la fe, etc.