Publicado por jorgellop en Octubre 20, 2009
Me ha gustado mucho este testimonio de www.opusdei.es. Hay mucha gente buena que a diario nos dan lecciones de vida y optimismo. Lo copio al completo. Largo pero bueno.

Ana se quedó embarazada al poco de casarse. A las 6 semanas se hizo una ecografía: “la de la ilusión”, la llaman ellos. La segunda, a las 12 semanas, “la de la duda”, afirma Tomás: como radiólogo le llamaron la atención las dimensiones de las extremidades del feto…
Ana estudió Humanidades y dirige un Centro de Educación Infantil en Pamplona. Tomás es médico radiólogo de la Clínica San Miguel, también en la capital navarra. Los dos son del Opus Dei.
Tomás y Ana se casaron hace ahora siete años en la parroquia de la Purísima Sangre, en Castellón. Un proyecto en común, mucha ilusión, toda la vida por delante. La foto está sobre el bureau del comedor de su casa.
Ana se quedó embarazada al poco de casarse. A las 6 semanas se hizo una ecografía: “la de la ilusión”, la llaman ellos. La segunda, a las 12 semanas, “la de la duda”, afirma Tomás: como radiólogo le llamaron la atención las dimensiones de las extremidades del feto.
La tercera ecografía en la semana 20, fue “la del derrumbe”. Había muchas posibilidades de que el niño que esperaban sufriera una enfermedad en la que el bebé muere en el parto, o inmediatamente después. Lo previsible era que su hijo naciera y muriera a la vez.
“Tu hijo respira, parece que quiere vivir”
Tomás tiene un gen recesivo que se hereda y Ana tiene ese mismo gen. Algo que ocurre una vez de cada 150.000 y que ya había afectado al hijo que esperaban.
Ana le rezaba cada noche a Dios: “Si me has mandado un hijo, ¿por qué me lo quieres quitar? Mándamelo enfermo, pero no te lo lleves. Es mi hijo”. No compraron cuna. Ni cochecito. Ingresó en la Unidad de partos de riesgo del Hospital Virgen del Camino, donde pusieron todos los medios para que el niño viviera el mayor tiempo posible. Ana dio a luz y Tomás se llevó al bebé. Lo bautizó en el mismo quirófano: le llamaron Miguel. Ana le preguntó a la comadrona si ya había fallecido y ella respondió que oía a un niño llorar. El médico neonatólogo añadió: “Tu hijo respira, parece que quiere vivir”.
Miguel tiene ahora seis años. Padece una enfermedad que se llama displasia diastrófica. La palabra “diastrófica” es un término geológico que se aplica a los montes. El esqueleto se fosiliza; llegará un momento en el que no se podrá mover, no podrá andar. Y todo por un gen recesivo heredado, unido a otro gen recesivo también heredado, idéntico.
“Lo que es una bendición es tener un hijo. Es tu hijo, y lo quieres, independientemente de cómo sea. Cuando quieres a alguien de verdad te da igual cómo sea”, comenta su madre.
Ese gen incompatible que tienen Tomás y Ana arrastra una estadística: de cada cuatro embarazos con esta combinación de genes, uno sale con la enfermedad.
Así, llegó Juan, perfectamente sano y que ahora está a punto de cumplir 4 años. Y más tarde apareció Jimena. Apareció, porque no la esperaban.
He encontrado «algo» por lo que dar la vida
Y se repitió la misma secuencia que con Miguel: ecografía a las 6 semanas, y otra, a las 12. Ya sabían que estaba afectada. Y “ése fue el punto culminante” dice Tomás, “porque sabes a lo que te enfrentas y, precisamente porque lo sabes, te derrumbas. Pero, o crees en Dios o no crees. Dios está detrás de esto, claramente. A Él no se le escapa nada, contaba con Jimena: Dios no se va a tomar café. No se despista. Cuida de ti, de nosotros”.
Hoy Jimena tiene dos años y medio y todavía no camina; comparte la enfermedad con su hermano Miguel, que ya cursa P5 en la escuela. Sus padres entienden que, en el día a día y a la larga, Miguel apoyará a Jimena y Jimena a Miguel. Y Juan, el mediano, entenderá a la larga y en el día a día que «un enfermo es un tesoro», como le gustaba decir a San Josemaría.
“En nuestra sociedad no se ven niños con esta enfermedad porque ante la más mínima sospecha los abortan”, apunta Ana. Pero yo tengo a alguien por quien meter cabeza, vida, alma y corazón. No puedo olvidarme de mis hijos. Si puedo con esto, me como el mundo. He encontrado «algo» por lo que dar la vida: mis tres hijos hacen que la vida valga la pena”.
«Esto» es de Dios y mío
“Ser del Opus Dei me aporta un plus de paz”, dice Ana, “me siento más acompañada, sé que no estoy sola. He llegado a entender que Dios me va cincelando a través de esta gran prueba. No ha sido fácil. Pero hay un punto en el que ves que «esto» es de Dios y mío”. Tomás remata: “El dolor es un punto de encuentro con Dios, ahí lo encuentro, apoyándome cada día. El dolor es incomunicable”. El dolor es compatible con la fe: “percibo que creer en Dios, en Jesucristo en la Cruz, es una herramienta básica para llevar esta situación”.
(…)

Publicado en Opus Dei, aborto, enfermedad, religión, sufrimiento, testimonios | Deja un Comentario »
Publicado por jorgellop en Agosto 10, 2009
Carta al director de ABC
Soy madre de tres niños menores de edad, divorciada. Yo siempre había creído que tanto el juez como el fiscal en Asuntos de Familia trabajaban a favor de los menores, poniendo inteligencia y justicia donde los padres ponen caos y disconformidad. En mi caso, el juzgado no está dictando a favor de los menores.
La jueza ha dictado que el padre puede cambiar a nuestros hijos de colegio, a un centro que elija él, en el distrito que él quiera. Y eso después de haberme otorgado a mí la guardia y custodia. El motivo alegado: que el colegio pone en peligro la integridad de los menores por ser del Opus Dei. ¿Cómo puede una jueza emitir esas opiniones sin informarse antes?
El colegio pertenece a Fomento (no es propiedad del Opus Dei) y es un centro autorizado por la Comunidad de Madrid. Además, mi ex marido ha matriculado a nuestra hija en un colegio de educación especial a una hora de distancia de nuestra casa y no permite que repita curso (a pesar de tener todos los informes oficiales para ello, tanto de médicos como de pedagogos). Y la fiscal sigue diciendo que si el padre elige ese colegio y no la permite repetir curso es porque se trata de un padre modélico, que sabe lo que hace. ¿Por qué la jueza no dicta en función del bienestar de los menores? ¿Por qué ni la jueza ni la fiscal se estudian el caso como es debido? ¿Será porque mis hijos tienen menos derechos por ir a un colegio religioso, y menos aún si es de Fomento?
En el juzgado me acusan de molestar a la Justicia por tonterías tales como el colegio de mis hijos… ¿Por qué ser católica es un factor negativo ante la Justicia?
CRISTINA NICOLÁS MILLÁN | MADRID
8-8-2009
Publicado en Opus Dei, sufrimiento, testimonios | Deja un Comentario »
Publicado por jorgellop en Junio 26, 2009
Sigo diariamente una sección de un periódico en la que entrevistan a distintas personas con historias humanas y curiosas. Me llama la atención que casi siempre los elegidos se declaran ateos…¿No quedan creyentes con cosas que contar? o ¿me llevan a mirar a unas personas que tienen una visión parcial?
Hoy entrevistan a un historiador del mundo clásico que se declara “pasionalmente ateo”…Menos mal que uno sabe dónde encontrar la otra cara de la moneda, siempre más positiva…
Estos comentarios son una muestra. Son varios padres que desean que uno de sus hijos sea sacerdote. Los copió porque valen la pena.
Llevo casado tres años y aún no tenemos hijos. Por supuesto, si un día el Señor me los manda, trataré de que estén siempre cerca de Dios y de que sean muy libres para seguir su vocación; pero ya, desde ahora, pido a Dios que, al menos uno sea sacerdote. ¿Por qué? Porque entiendo que sería el mejor regalo que Dios podría hacernos. Porque necesitamos muchos más sacerdotes en la Iglesia. Porque no hay vocación más excelsa, y es natural que quiera para mis hijos lo mejor. Porque me gustaría recibir la Eucaristía de sus manos. Porque sueño con que me atienda al final de mi vida. Porque traer un hijo al mundo es lo más grande, pero traer a un sacerdote es como a traer a Cristo mismo.
Todos los padres rezan para que sus hijos triunfen en la vida; para que crezcan sanos; para que ganen dinero; para que encuentren una buena compañera… ¿Por qué no voy a pedir yo algo aún más grande?
L.R.
Tengo dos tíos sacerdotes, uno del Opus Dei y otro Jesuita. La ilusión de mi abuela siempre fue tener hijos sacerdotes. Mi tío Víctor fue numerario por más de cuarenta años y se ordenó sacerdote a los 66 años de edad. Escuchó y respondió a la voz de Dios a su llamado al sacerdocio ya que en el año 2004 recibió una carta de Don Alvaro del Portillo diciéndole que si quería se podía ordenar sacerdote; que lo pensara. La carta la recibió mi tío dos días después de que Don Alvaro se fue al cielo. Al leerla nos contó que no dejó de llorar; lo pensó un año completo, dejó todo y se ordenó. Murió a los tres años exactos de ejercer su ministerio.
Creo que es muy noble que una mujer quiera tener un hijo sacerdote. Es una de mis grandes ilusiones; pero ni tengo hijos y tampoco marido; así que recen para que se den las dos cosas si es que es lo que Dios quiere.
Esto es un secreto porque mi marido y yo no se lo hemos contado a nadie pero… estamos esperando nuestro primer hijo (este no es el secreto sino lo que viene despues…) y desde que lo sabemos todas loa noches rezamos por él y pedimos que si Dios quiere le de la vocacion de Sacerdote y el tenga la generosidad de decir que si. Desde que me he enterado que es el año del Cura de Ars cada dia pienso que se lo voy a pedir a él, me estoy leyendo un libro de su vida y me encanta, pero la verdad es que me cuesta un poco porque entonces SEGURO que me hace caso…
Publicado en Opus Dei, religión, testimonios | 2 Comentarios »
Publicado por jorgellop en Mayo 25, 2009

Catalina es una matrona que trabaja en un campo donde hay mucha confusión pero gracias a Dios, a su formación cristiana que le dieron sus padres y a la que recibe en el Opus Dei tiene “la alegría de poder aportar un granito de esperanza a muchas personas que viene a mi consulta en situaciones verdaderamente angustiosas”
En la entrevista recogida en la revista Palabra, nos habla de varios casos:
“Una madre embarazada que ya tenía un hijo síndrome de Down. La ayudé todo lo que pude en su segundo embarazo, que fue muy complicado. Se negó en todo momento a hacerse pruebas que no fueran las habituales, porque había decidido aceptar con alegría el hijo que Dios le mandara, sano o enfermo. Tuve la alegría de tocar por primera vez a su hijo, que nació por cesárea: era un niño precioso, perfectamente sano, al que no volví a ver hasta siete años después, paseando por la calle.
-Mira –le dijo la madre al niño- esta señora es la primera persona que te tomó en brazos cuando naciste.
-¿Ah sí? –respondió el niño-¿Es ésta por la que me pides que rece siempre?
Catalina cuenta que un día entró en la consulta una mujer cuya cara recordaba vagamente. Llevaba en los brazos una niña de cinco días.
“Toma –me dijo- aquí tienes a tu niña. Te la he traído para que la conozcas, ya que es más tuya que mía.
Poco después recordé quién era: una chica joven con la que había estado hablando largo y tendido varios meses atrás. Vino a la consulta completamente decidida a abortar. Tan decidida que ya tenía la maleta hecha para irse de casa con su hijo pequeño, abandonando a su marido.
Procuré transmitirle confianza en Dios y en ella misma. Le dije que aquel hijo que veía como un estorbo para sus planes personales sería, por el contrario, la gran solución para todas las dificultades. También le aseguré que si se abandonaba en las manos de Dios, Él la ayudaría.
“Tenías razón –me dijo- Dios me ha ayudado. ¡Y cómo! Todos los problemas que tenía con mi marido se han solucionado; y además está como loco con su niña”
Publicado en Opus Dei, aborto, dolor, testimonios | Deja un Comentario »
Publicado por jorgellop en Mayo 9, 2009

Pilar y Cayetano llevan más de cincuenta Tienen dos hijos y cuatro nietos. “Nuestras Bodas de Oro han sido, cómo diría yo… algo especiales. Antes pensábamos que, cuando fuéramos mayores, tendríamos los típicos achaques, la tensión alta o cosas así. Algunos días, cuando me levanto y pienso en el alzheimer de Cayetano, me inunda una sensación de tristeza, que me recuerda aquella canción de Edith Piaf: “Buenos días tristeza”. Pero rectifico enseguida y le pido ayuda a Dios para decir. “Buenos días, esperanza”
Pilar procura dar a su marido todo el cariño que puede, “y no me tengo que esforzar, porque, gracias a Dios, hemos sido un matrimonio muy afortunado: nos hemos querido mucho y nos seguimos queriendo, aunque ahora él no pueda expresarlo. A veces, le acerco mi mejilla a sus labios y aunque tarda en reaccionar, siempre me acaba dando un beso”
“Yo –añade- a Cayetano le hablo mucho, aunque no me pueda contestar y no sepa si me comprende del todo. Y siempre, cuando regresa del centro de día ayudado por otra persona, salgo a esperarle a la puerta de la calle, como cuando éramos novios”
Hablando de la evolución de la enfermedad, Pilar dice: “es muy duro ver como va perdiendo la memoria, está …pero no está. Un día, durante una reunión, comentaban cómo (los enfermos) van cambiando de expresión, de gesto, cómo va perdiendo la mirada…
-Quizá, les dijo yo. Pero los ojos de mi marido siguen siendo azules”
Publicado en Opus Dei, enfermedad, testimonios | Deja un Comentario »