Soy una chica de 28 años que en el vientre materno sufrió una malformación, por lo que nací sordomuda. Quisiera hacer patente la gran labor que hicieron mis padres para sacarme adelante, y ofrecerme los medios posibles para desarrollarme tanto física como intelectualmente. Puedo decir que he conocido, aprendido y experimentado como la gran mayoría de las personas, excepto en una cosa, que es el sentido de la audición y del habla normal. Algo, que efectivamente, eché de menos con frecuencia, pero que jamás me quitó la alegría de vivir.
También tuve la oportunidad de conocer a muchas personas, hombres y mujeres, que tienen otra deficiencia (ceguera, parálisis, retraso mental…), y viéndolas y hablando con ellas jamás tuve la imbecilidad de pensar que sería mejor para ellos renunciar a su primer derecho.
Con ocasión de su participación en el Congreso “Lo que verdad importa” han salido varias entrevistas sobre esta mujer.
Sharon Blynn, modelo y escritora, regresaba a casa para visitar a sus padres antes de volver a Nueva York, donde había trabajado y estudiado los últimos años.
Un día antes de coger el avión a Nueva York ese dolor de estómago que le llevaba dando la lata un tiempo se hizo más fuerte. No pudo marcharse. Ya en el hospital de Florida le fue diagnosticada una dolencia gastrointestinal que, tras una nueva serie de pruebas, se convirtió en una extraña forma de cáncer de ovarios.
“Cuando oí la palabra maligno mi primer pensamiento fue: Dios mío, voy a morir. Después de mi diagnóstico vinieron tres años de operaciones y quimioterapia, y más tarde el inimaginable dolor de comprobar, un año después de haberme dicho que estaba curada, que el cáncer había vuelto”. Sharon Blynn experimentó el miedo y la ansiedad que suponen enfrentarse a una enfermedad que puede ser letal. Sintió que todo su mundo se desplomaba, “como si de repente viviera la vida de otra persona”.
Pero en el dolor encontró una fuerza que nunca había imaginado. “Dicen que el dolor es el mayor motivador, y en mi caso no pudo ser más cierto. Estos años pasados han sido los más positivos y de conocimiento personal que he tenido nunca. Evidentemente, si me hubieran dado a elegir, habría preferido que me dejaran en medio de la nada sin agua ni alimento para conocerme a mí misma antes que afrontar un cáncer, pero no siempre podemos elegir, ¿no?”, explica Sharon.
De aquel viaje por la enfermedad no sólo se llevó una victoria (hoy está curada), sino también “pasión y alegría de vivir; una que nunca antes había tenido”. Pero Sharon también conoció un mundo de sufrimiento y vergüenza que estaba más allá del cáncer.
-¿Cómo ha cambiado su vida su enfermedad?
-Mi enfermedad me ha dado una energía renovada, pasión y una perspectiva de vida. He dado prioridad a un estilo de vida saludable mental, corporal y espiritualmente. He aprendido a amar, a cultivar mi vida día a día y a perseguir mis metas disfrutando cada momento.
“Me encontré con muchas mujeres hundidas por la caída del pelo y otros cambios físicos que provoca la lucha contra el cáncer”. Por eso, Sharon Blynn, una mujer joven y guapa, decidió hacer de la calvicie un signo más de belleza.
Una belleza distinta, pero igual de femenina. “Ninguna mujer debería disimular su calvicie, sino reinventar su belleza”.
Y en eso está Sharon, en enseñar una belleza que nazca desde el interior, fruto del bienestar personal. A través de su organización Bald is Beautiful [La calvicie es bella], de conferencias a lo largo y ancho del mundo y de su trabajo como modelo, Blynn cautiva allá por donde pasa.
Subo un video en inglés con subtítulos en portugés.
Ayer en una celebración de un cumpleaños en el colegio mayor donde vivo pusieron este video. No me acuerdo la interpretación que le dieron porque el tema de por sí es serio. Hoy lo he buscado y aquí lo pongo. El título es mío…
Como suele ocurrirme buscando una cosa, he encontrado otra: esta oración de Santo Tomás. La alegría -con sus variantes de optimismo, buen humor, sentido positivo- es algo tan necesario para vivir que cuando nos falta debemos de acudir a Dios para recuperarla cuanto antes.
He escuchado muchas veces que necesitamos personas sonrientes a nuestro alrededor. Tu como yo las buscas y, en cambio, evitamos el cenizo. Hay personas que como ese amigo mío que en su casa, usando terminología propia de los sioux, le llaman “nube negra” porque en sus comentarios tiene la rara aptitud de encontrar el lado más negativo.
«Señor: Dame una buena digestión y naturalmente alguna cosa que digerir. Dame la salud del cuerpo con el buen humor necesario para mantenerla. Dame un alma sana, Señor, que tenga siempre ante los ojos lo que es bueno y puro, de manera que frente al pecado no me escandalice, sino que sepa encontrar la forma de ponerle remedio. Dame un alma que no conozca el aburrimiento, los refunfuños, los suspiros y los lamentos y no permitas que me tome demasiado en serio esa cosa tan invasora que se llama “yo”. Dame el sentido del humorismo, dame el don de saber reír de un chiste, a fin de que sepa traer un poco de alegría a la vida y hacer partícipes a los otros. Amén».