volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Vídeo de cómo y por qué confesarse

Posted by jorgellop en marzo 4, 2015

Me ha parecido muy buena la presentación.

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Abrázame, con hueco para respirar (II)

Posted by jorgellop en marzo 2, 2015

Este cuento podría ser la biografía de tantos pacientes que piden ayuda en búsqueda de su autonomía, a los que “este exceso de atención y cuidado” ahoga y no deja respirar. Si me abrazas demasiado fuerte, me ahogas.

Uno de ellas escribía: “solo pido que no me juzguéis en cada acto, que me apoyéis en mis decisiones que son buenas, normales, de persona que quiere y necesita volar, como una cometa. Y sí que quiero que, aunque yo vuele y vaya eligiendo el movimiento y la dirección, el hilo de mi cometa siga unido a vosotros. No para estar atada sino solo sujeta, sostenida, por personas que quieren que la cometa vuele alto, que sea hermosa y la mejor, cosa que no dudo que queréis”.

Qué gozada cuando dejamos a los demás ejercer su libertad, la responsabilidad, la identidad y la voluntad. Cuando dejamos a los que se relacionan con nosotros: hijos, cónyuges, empleados o amigos, decidir sobre su vida. Cuando los tratamos como su edad merece, cuando delegamos, cuando dejamos que hagan su parte. Crecen personalmente y enriquecen la relación.

Personas que necesitan ser ellas mismas en casa, en el trabajo, en el noviazgo, en el matrimonio, en el grupo de amigos, en la asociación. Personas que quieren aprender a ser distintas sin separarse de los demás. Con una identidad propia y diferenciados. Ellos mismos y diversos.

Un amigo me contaba que había castigado a su hijo de 17 años quitándole la puerta de su cuarto. Sin intimidad. Un castigo maléfico. Algo así hacemos con las otra personas cuando no respetamos sus límites y sus puertas.

Qué alegría dejar que los demás monten en bici a su antojo, que hagan su vida, que aprendan. No es fácil dejar que los demás hagan las cosas de una manera diferente a la mía. No es fácil delegar, ni respetar la libertad de los demás. No es fácil no invadir el espacio que le corresponde, ni dejar que los demás se equivoquen.

No es fácil dejar que haga lo que le parezca oportuno, que afronte el riesgo de darse un castañazo, de equivocarse, de alejarse de lo que nos parece lo mejor para él. No es fácil además apoyarle, aunque no estemos de acuerdo. No es fácil y da mucho fruto.

Gracias por enseñarme a montar en bici, a pedalear, a dirigir el manillar en la dirección que me parezca, mirando al frente. Gracias por permitirme alejarme de ti por lugares del parque que tú no veías mientras me esperabas en el banco, yo sabía que estabas ahí. Gracias por dejar que aprendiera a caerme y levantarme con las rodillas llenas de heridas.

Gracias por dejar que me equivoque y cuando lo haga acógeme de nuevo. Aceptación sin condiciones, de esto va a amar. Es mucha cara y da mucho vértigo, ya lo sé, y gracias a esto iré aprendiendo a abandonar el debo y enamorarme del quiero. Ayúdame a que seamos distintos sin separarnos.

Carlos Chiclana

Médico Psiquiatra

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Abrázame, con hueco para respirar (I)

Posted by jorgellop en marzo 1, 2015

 

Me han pasado esta historia con mensaje. Como es un poco larga, la divido en dos. 

 “Erase una vez una niña que quería aprender a montar en bicicleta. Su padre empezó a enseñarle y se dio cuenta de que ella podría caerse, hacerse daño o darse golpes.

Al hacerse consciente de estas amenazas, decidió que nunca soltaría el sillín y así le daría equilibrio. Tampoco quitaría su mano del manillar para marcar bien la dirección. Él sabía lo que su hija quería, la felicidad, y ahí estaba él para conseguírsela.

Conforme lo hacía, notó también que su miedo a que se alejara de él cuando supiera pedalear o se encontrara sola ante el peligro, disminuía. Lo importante era que ella estuviera segura y no se desviara.

Su vocación de padre estaba clara, no quería ser el culpable de los problemas de su hija. Ya sabes, los hijos de hoy en día luego se revuelven, como los cerdos a los que echas perlas”.

Me acordé de nosotros. De cómo me acompañabas por detrás sujetando sillín y manillar. Me animabas a mirar al frente, no al suelo. Luego tú sillín y yo manillar. Y un día estaba yo solo pedaleando. Me alejaba de ti y luego volvía. Me daba el aire en la cara. Nos reíamos. Ahora podía elegir si irme muy lejos con la bicicleta que tú me habías dado. Tú me habías facilitado que mi libertad aflorara, ¡qué responsabilidad!

Los de la historia triste se lo pasaban bien al principio. La hija agradecía ese apoyo tan sólido. Se fue haciendo mayor y empezó a pedir que le fuera soltando, así aprendería de verdad. “Ya te dejo pedalear”, le argumentaba papá, “somos un equipo”.

Explicó a su niña que era por su bien y que le costaba su esfuerzo. “No creas que no es cansado estar todo el día acompañándote, ya me gustaría a mí que supieras montar en bici”. En la oficina, los compañeros compadecían al padre: “hay que ver tu hija, que no termina de crecer, qué cruz”.

La niña iba en “bici con padre incluido” a la facultad y a las fiestas. Algún chico se le acercó, pero notó algo raro, como si no fuera ella del todo o como si hubiera más personas en torno a ella. Se lo dijo: “parece que no terminas de llenar los pulmones para respirar”.

Este cuento podría ser la biografía de tantos pacientes que piden ayuda en búsqueda de su autonomía, a los que “este exceso de atención y cuidado” ahoga y no deja respirar. Si me abrazas demasiado fuerte, me ahogas.

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Homilía en el funeral de un seminarista barcelonés

Posted by jorgellop en febrero 27, 2015

Marcos Pou2

Hace unos días escuché que había fallecido un seminarista en un accidente de moto. He podido leer la homilía y me ha gustado.

Si piensas que es un poco larga, no dejes de leer los textos  a color. 

Algunos privilegiados -porque así lo había decidido él- unos poquitos (no sé cuantos, supongo que éramos dos o tres), sabíamos, hace ya tiempo (años incluso), que Marcos iba a sorprender (aunque a sorprender a medias, porque allí donde iba le preguntaban si era seminarista). Pero sabíamos que al término de su carrera de física, Marcos iba a sorprender con la noticia de que ingresaba en el Seminario de la Diócesis de Barcelona.

Y así fue. Se cumplió su sueño de ver llegar ese día. Ese día precioso de poder comunicar a todos por qué estaba viviendo cómo estaba viviendo. Y por fin desvelaba la incógnita. “¿Y ahora que terminas la carrera, qué vas a hacer?, y nos despistaba a unos y a otros con balones despejados”.

La noticia era “quiero ser sacerdote”. “Quiero entrar en el seminario”. Y fijáos, ha sido precioso poder acompañar a Marcos en estas semanas. Viendo cómo se cumplía este sueño tan atesorado por él, tan mimado, tan custodiado; tan absolutamente querido. Y se juntaba a los sacerdotes y miraba a los sacerdotes.  Pero quería ser sacerdote, no por el quehacer sacerdotal, sino por el rostro de Jesucristo.

Nos ha explicado estas semanas -aunque lo hemos visto en cómo ha vivido estos últimos años de su vida- nos ha explicado, ¡nos ha mostrado! casi, mejor dicho, cómo para él, en su experiencia, Jesucristo era algo tan absolutamente real, algo tan concreto, tan experimentable; como dice San Juan: “lo que mis ojos vieron, lo que mis oídos oyeron y lo que pude tocar con las manos”. Cristo era tan hermoso y estaba tan presente, que Marcos se atrevió a decirLe que sí. A decirle que sí para siempre.

Y se jugó sus amores humanos, se jugó su honra; se lo jugó todo. “Me voy a hacer cura”. En este momento histórico. “Me voy a hacer cura”. Es como si nos dijese (fijáos y me entendéis): “no es verdad que han pasado dos mil años. Cristo está vivo. Cristo está vivo. Cristo -como decimos en el ángelus todos los días- habita entre nosotros”.

Y el sacerdote, no es una descripción nada teológica, pero el sacerdote es aquél que, de la mano de Jesucristo, porque, esta manera de ser, este caminar entre los hombres así lo inventó Jesucristo; es aquél que estirando los brazos, estirando mucho los brazos; estirando los brazos todo lo que puede, con un brazo, con una mano, aferra a Dios, con la otra mano, aferra al hombre, y les lleva -al hombre y a Dios- a la comunión.

El sacerdote es aquél que a pesar de sus miserias humanas, y por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, consigue que el hombre y Dios se encuentren. Y fijaos: Marcos no ha pasado por el sacramento del Orden. No le ha hecho falta a nuestro Señor. Pero Marcos ya era sacerdote. Marcos, todo su hacer; todo su caminar; todo su hablar, era sacerdotal.

La mayoría de los que estáis aquí le conocéis. Habéis tratado con él. Y era imposible. Era absolutamente imposible estar con Marcos más de media hora, sin que se acabase hablando de Jesucristo.

Era imposible seguir un poco la pista de sus viajes, del modo en el que empleaba su tiempo; era imposible ver cómo sonreía, ver cómo bromeaba, ver cómo chinchaba (especialmente a Mateo y a Juan – sus hermanos pequeños-) sin descubrir que ahí había algo grande. Era imposible estar con Marcos y no girar el cuello para intentar sorprender presente a Aquél que hacía a Marcos.

Y Marcos le dijo que sí:  Marcos al Señor le dijo que sí. Y le dijo que sí de verdad. ¡Le dijo que sí de verdad! Marcos, -no nos habituemos a esto-, le dijo que sí a Dios. Y Dios, con ese designio suyo que ¡gracias a Dios nos supera!, gracias a Dios supera el nuestro; Dios acogió su sí. Y como era un sí gratuito, sin condiciones, Dios ha hecho con el Sí de Marcos lo que le ha dado la gana.

Porque Marcos le dio su sí a Dios. Le pertenecía a Dios. Y Dios dijo: yo con esto hago lo que quiero. Y miramos al Señor y le decimos: “¡Caramba Señor! Parece que te sobran los sacerdotes. Porque pocos que somos, y este valía la pena, y te lo llevas”.

Y el Señor nos está diciendo: “Porque voy a bendeciros de otra manera; porque voy a cuidar la diócesis de Barcelona y la Iglesia de otra manera.” “Porque lo puedo hacer yo también”. Porque Marcos lo puede hacer desde el cielo. Porque Marcos puede acompañarnos desde el cielo. Marcos, de la mano de nuestro Señor, Marcos resucitado, puede hacerlo.

Pensaba yo anoche, cuando ya me metí en la cama, después de la jornada de ayer tan preciosa; pensaba en lo siguiente: ¡Si es que es verdad, caramba! ¡Si es que es verdad que Cristo y Marcos se querían; se quieren! ¡Es que es verdad! Y pensaba: ¿me voy a meter yo en esa relación? ¿Voy a opinar yo sobre “cómo se quieren Cristo y Marcos”, ”cómo se quieren Marcos y Cristo”? ¿Voy yo a opinar que debería haber sido de otra manera? ¿Me voy a atrever yo a decirle a Marcos: no se quiere así al Señor, porque mira lo que te hace? ¿Me voy a atrever yo a decirle al Señor, con el sí de mi sobrino: “eso no es justo”? ¿Me voy a atrever?

Fijaos que, -es algo que he tenido presente ayer, porque ayer y hoy han sido un día precioso-, Dios, ¡nos ha hecho trampas! ¡Nos ha hecho trampas Dios! Pero no con la muerte de Marcos: nos ha hecho trampas, ¡con la vida de Marcos! ¡Porque nos lo ha regalado! Nos lo ha puesto delante, ¡y nos ha enamorado! Y en el mirar a Marcos -y era normal, eh, Marcos era normal-; en el mirar a Marcos (salvo que uno fuese muy torpe, o muy ciego); en el mirar a Marcos uno decía: “es evidente que hay alguien que hace a este tío”. Es evidente que hay uno que hace que Marcos sea así de atractivo. ¡Es evidente! En el rostro, en el gesto, en la voz, en el abrazo de Marcos. ¡Es evidente! Y Dios nos ha hecho trampas ahí: porque en el mirar a mi sobrino, en el mirar a Marcos, ¡los ojos se te iban al cielo! Y pensaba yo ayer: ¿cómo me voy a enfadar yo con éste que me ha hecho trampas! ¿Cómo me voy a enfadar yo con el que me ha regalado a Marcos -fijaos-, a cambio de nada? ¡Porque nos lo ha regalado “a cambio de nada”!

¿Alguien ha pagado un precio por poder ser amigo de Marcos? ¿Alguien ha pagado un precio? ¡Si es gratis! Nos lo han regalado gratis. Y no nos lo han arrebatado. Nos lo han regalado gratis, y nos lo siguen regalando gratis.

Siempre digo, porque es así: Dios no da para luego quitar. Dios da para dar. Y a Marcos nos lo ha dado. Y nos lo ha dado para siempre. Ahora ciertamente, como hemos escuchado en la liturgia, de una manera distinta, pero para siempre.

Estos días le agradezco infinitamente a Marcos, con su vida y con su muerte, y agradezco infinitamente a nuestro Señor que me mostrase de una manera que yo pudiera entender, y ojalá podamos todos entender, esta frase que hemos trabajado en estos meses en Escuela de Comunidad: “la vida no es un quehacer: la vida es un afecto”. Y el afecto, en Marcos, se cumple. Marcos quería al Señor. Marcos quiere al Señor.

Fijaos: nosotros podemos seguir viviendo así. Podemos seguir viviendo en el afecto. No sé cuantos cientos de abrazos estamos recibiendo en estos días, pero son todos reales. Son todos de verdad. Todos de verdad. Son abrazos que vienen de lo alto.

Vamos a poner a Marcos en las manos de la Virgen para que lo acompañe hasta su casa. Hasta su nueva casa, donde le encontraremos el día que a nosotros también se nos llame. Así sea.

FUENTE.INFOVATICANA

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Yo soy copto

Posted by jorgellop en febrero 22, 2015

Me mandan estas líneas que hacen pensar.

La estremecedora imagen de los 21 cristianos coptos a punto
de alcanzar la palma del martirio a manos de unos salvajes desalmados, nos debe hacer reflexionar sobre la distinta reacción que ha provocado en occidente este acto de barbarie comparado con lo sucedido recientemente en París.

Yo no soy Charlie, ni lo seré jamás, pues como cristiano no me es dado ofender ni escarnecer a nadie por su credo o religión. Pero yo sí soy copto. Tan bautizado e hijo de Dios como todos los mártires de Libia, de Irak, de Siria o de Nigeria, que han sido asesinados por su condición de tal, sin que mediara insulto o provocación alguna.

Sin embargo siendo infinitamente más numerosos los cristianos que los charlies, no he visto en los medios de comunicación un relieve informativo equiparable al de los sucesos de París. No he visto a los líderes mundiales condenando en alta voz esta barbarie. Ni siquiera a mi presidente del Gobierno, que se dice cristiano, haciendo una declaración institucional. Nadie ha viajado a El Cairo para apoyar a los cristianos coptos o solidarizarse con el pueblo egipcio.

Y sin embargo el repugnante y sangriento vídeo iba dirigido a todos los cristianos, quienes estamos en el punto de mira por el hecho de nuestra fe.

No imagino reacción semejante entre el pueblo judío, ni tampoco del pueblo musulmán. Y es que, por desgracia, son legión los cristianos que se avergüenzan de serlo.

Afortunadamente, la sangre de los mártires es semilla de cristianos.

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