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Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

El origen de los huevos de Pascua, de la prohición de comerlos a símbolo de la Resurrección

Posted by jorgellop en abril 5, 2010

Me ha venido bien conocer el por qué de la costumbre de los huevos de Pascua. Durante muchos años, hace muchos más, mis padres nos escondían el domingo de Pascua unos huevos por el jardín. Nosotros, siete hermanos, teníamos que buscarlos y encontrarlos. Cada uno se comía, el que encontraba. Había para todos. Los que teníamos más memoria, intentábamos recordar los lugares donde años anteriores mis padres los habían esondido. Era una tradición familiar, algo esperado por todos. Ahora me he encontrado con este artículo que reproduzco parcialmente.

El primer antecedente aparece en la mitología egipcia, que narra que el Ave Fénix se quemó en su nido y renació más tarde a partir del huevo que la había creado en un principio.

Por esto, en ocasiones, los egipcios acostumbraban regalar huevos decorados por ellos mismos, con pinturas extraídas de las plantas.

Los griegos y romanos también pintaban huevos y los comían en las fiestas de primavera, mientras los hindúes sostenían que el mundo había nacido de un huevo.

Pero fueron los primeros cristianos quienes fijaron una época del año, la Cuaresma, como período de abstinencias para purificar sus almas. Uno de esos sacrificios era no comer huevos ni tampoco productos lácteos.

Más tarde, en la Edad Media, el papa Julio III institucionalizó la prohibición de consumir huevos durante los cuarenta días previos a la fiesta pascual.

En esa cuarentena, los huevos -de gallina o de pato- eran celosamente guardados y como no existían las heladeras para preservarlos, lo habitual era bañarlos en cera líquida para mantenerlos frescos. Mucho tiempo después sobrevino la costumbre de colorearlos.

Recién el domingo de Pascua, los cristianos se reunían en la iglesia de la ciudad para que el sacerdote los bendijera en la primera función litúrgica, tras la cual salían por las calles con canastas para regalárselos a los niños como expresión de júbilo ante la resurrección de Cristo.

Según consta en un decreto firmado el 18 de marzo de 1666, fue el papa Alejandro VII quien levantó la veda de comerlos en cuaresma, al poner en duda que exista tal prohibición.

“No es evidente que obligue la costumbre a no comer huevos y lacticíneos en cuaresma”, aseguró en el escrito. A partir de entonces, la Iglesia recomienda sólo la abstinencia de carne durante los viernes del tiempo cuaresmal.

Sin embargo, la mística del huevo trasciende lo religioso y está cargada de leyendas, como la que cuenta que el día del nacimiento de Alejandro Severo, sucesor de Heliogábalo en la antigua Roma, una gallina puso un huevo de color rojo. La madre consideró eso como un vaticinio de que su hijo vestiría la púrpura cardenalicia. Desde entonces los huevos teñidos fueron prenda de buena fortuna.

Para la historia también hay huevos famosos, como el recubierto totalmente en oro que Luis XV obsequió a Madame Du Barry, que llevó a caballero de la corte a clamar: “íSi lo comes pasado por agua, yo guardaré la cáscara!”.

Más allá de leyendas y tradiciones, la imagen del huevo se fue asociando a la Semana Santa, símbolo de la Resurrección,  de la esperanza y del renacimiento. A partir del siglo XIX, en Alemania empezaron a fabricarse de chocolate y azúcar con obsequios dentro.

Esta tradición se ha extendido. Todo sea para cumplir con el dicho catalán que reza: “Pascua sin huevos, es como Navidad sin turrones”.

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