volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

La tarjeta visa de la oración

Posted by jorgellop en abril 11, 2010

Pepe es un heladero que tiene su negocio en una conocida plaza granadina. Dice que el alma del negocio es su mujer, Concha, que ha conseguido transformar la heladería en un sitio acogedor.

 

Por allí pasan un buen número de turistas. Él comenta, en la entrevista aparecida en la página web del Opus Dei, como fue conociendo a más extranjeros cuando sus hijos los trajeron a casa. Y eso fue así hasta el día que mis hijos trajeron a casa a sus amigos extranjeros. Eran universitarios de Erasmus que estudiaban en casa bajo el silencio de un flexo, un viejo flexo. Siempre intentaba cruzar con ellos un gesto amable con los ojos o con la barbilla. Sólo el roce, la mímica y su conocimiento del español “rompieron” los idiomas. El corazón tampoco entiende de barreras. Al final, hemos desarrollado tanto el cariño que hoy tenemos especial amistad con Mariana, bielorrusa, amiga de nuestra hija, o con Boris, un becario estonio, amigo del mayor”.

 

“También con Fátima. El caso de Fatima, marroquí, amiga de otra hija, fue similar. Le cogimos enorme cariño desde el primer día y le ofrecimos una habitación para vivir, pues carecía de lugar de residencia. En casa es una más de la familia. Convivimos juntos. Y la verdad, es que mientras yo rezo el rosario en el sillón con Concha, mis hijos y amigos, ya tenemos preparada la esterilla de Fátima para las cinco oraciones musulmanas del día”.

 Pues cuando a Concha le diagnostican un cáncer, nos preocupamos. Pero aquí -con la enfermedad- hemos conseguido superar otra frontera: la del dolor. Y ha sido con “la tarjeta-visa de la oración”. Las personas además de tener un visado para cruzar fronteras, tenemos otro visado para el cielo: la oración y los sacramentos. El visado de la oración es un visado continuo, sin fecha de caducidad, que sirve para estar en el mundo de los vivos y para rezar por el mundo de los muertos.

 

Hoy rezan por la enfermedad de Concha estos estudiantes Erasmus. Rezan desde Bielorrusia y desde el interior de Marruecos. Y desde las asociaciones Albihar y Alayos, por donde acudo con algunos de mis hijos. Suben al cielo oraciones de esas familias amigas de distintos credos y países”.“Yo lo agradezco especialmente”, dice Concha que reaparece tras la cortinilla de cáñamo

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