volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Carmen Bonilla, religiosa, 20 años tumbada en una camilla en la misma habitacion de un hospital, 43 operaciones…

Posted by jorgellop en junio 15, 2010

Este testimonio de una religiosa es muy bueno. Se atreve como consecuencia de su larga enfermedad a dar una explicacion del dolor y del sufrimiento. Te puede parecer largo. Lo he recortado todo lo que he podido pero es tan completo que seria una pena perder contenido. No me funcionan los acentos…

La religiosa Carmen Bonilla, perteneciente a la congregación Hermanas de la Caridad de Santa Ana en Valencia, de 62 años de edad y que permanece desde hace veinte tumbada boca abajo a consecuencia de una fibromatosis extraabdominal agresiva, ha afirmado, en declaraciones a la agencia AVAN, que “mi enfermedad, con la ayuda de Dios, hace que pueda ser feliz“.

Según ha explicado, su dolencia le ha enseñado a “valorar y disfrutar mucho más todo lo que tengo”, así como a “poder vivir no centrada en mí misma, como cuando estaba sana, sino pensando en los demás, ayudándoles en todo lo que puedo“, lo que “en realidad me ha dado una paz y una felicidad como nunca antes había sentido“. Todo ello “no sería posible si Dios y la Virgen no me ayudaran a superar los malos momentos“.

Por eso, “en cierto modo esta enfermedad, pese a ser dura, es lo mejor que me ha pasado en la vida, así que doy gracias a Dios por permitir que la tenga“, ha subrayado la religiosa, que es natural de Sevilla y permanece en Valencia desde hace más de cuarenta años.

Carmen Bonilla ha sido operada en 43 ocasiones para que le extirpen los numerosos quistes que periódicamente aparecen en la zona de sus glúteos y para cerrarla después con injertos de su propia carne. Además, su coxis ha sido parcialmente “cortado” y, a consecuencia de una herida crónica en él, que necesita todavía de curas todas las semanas, debe permanecer boca abajo de forma permanente. Por todo ello, su cuerpo está paralizado de cintura para abajo y, de hecho, la religiosa sufre una “invalidez permanente absoluta”, según consta en su historial médico.

La religiosa lee a diario, come por ella misma y realiza muñecas de tela que después ofrece a cambio de donativos para personas sin recursos del Tercer Mundo a través de la fundación Juan Bonal, dependiente de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana. Igualmente, puede trasladarse por el convento en el que vive sobre una camilla de ruedas adaptada, que incluye una estructura de hierro rodeando sus piernas para evitar que las sábanas y las mantas le provoquen llagas.

Cuando con 33 años de edad comenzaron a aparecer los síntomas de su enfermedad, “me costó aceptarlo“, ya que “sentía como si me hubieran cortado las alas o me hubieran partido por la mitad“. En aquella época, la religiosa atendía a “niños de acogida” en un centro de su congregación en el barrio valenciano de Nazaret, lo que representaba para ella “una gran satisfacción”, hasta el punto de que hoy día “es lo que más hecho en falta”.

He llorado mucho, no entendía por qué me tenía que pasar esto“, ha recordado. Bonilla comenzó a “aceptar” su enfermedad a raíz de una peregrinación a Lourdes en el año 1992. “Era la primera vez que iba y, al ver a unos enfermos y discapacitados que llevaban su sufrimiento con sosiego y alegría, me pregunté dos cosas: ¿por qué no podía tener yo también una enfermedad como ellos? y ¿por qué no iba a poder afrontarla así de bien si se lo pedía a Dios y a la Virgen con fe?“.

Bonilla ha añadido que, entre otros, “ofrezco también mi enfermedad al Señor especialmente por el Papa y mi congregación religiosa, por mi familia y, desde hace algún tiempo, también por las personas que se han quedado en paro con esta crisis“.

El testimonio de fe de la religiosa atrae desde hace años a grupos de feligreses y de estudiantes de parroquias y colegios valencianos. “Yo intento explicarles que hay que hacerse amigo de las cruces que cada uno tiene en su vida, porque si Dios las permite es porque con su ayuda podemos aceptarlas e incluso aprovecharlas para mejorar como personas, ser más felices y hacer más felices a los demás“.

Asimismo, ayuda a sus visitantes a comprender que “lo importante no está en el tener sino en el ser”. De hecho, a preguntas sobre la eutanasia o el aborto aplicados a personas con graves deficiencias físicas, responde que “la vida es digna siempre, porque lo digno es ser personas, independientemente de tener salud o no” y que “la vida la da Dios”, por lo que “la muerte debe venir de forma natural, no provocada por nadie”.

En una entrevista en la que se ha mostrado la mayor parte del tiempo sonriente, la religiosa se ha emocionado cuando ha recordado su infancia. Sus padres, “de condición humilde”, murieron siendo menor de edad, por lo que ella y sus cinco hermanos tuvieron que ser tutelados por unos tíos e internados en un colegio de la localidad sevillana de Dos Hermanas regido por la misma congregación religiosa a la que ella pertenece.

Fue en esa escuela donde Bonilla comenzó a sentir su vocación a la vida religiosa. Antes incluso de ingresar en el centro escolar, se marchaba a escondidas de la casa de sus tíos para asistir a la primera misa de la mañana y “luego volvía corriendo a mi cama para que nadie notara que me había ido”.

En 1984, a consecuencia de su enfermedad, tuvo que ingresar en el hospital Casa de la Salud que su instituto religioso regenta en la ciudad de Valencia. “Entonces entré por mi propio pie, apoyada en un bastón, pero la enfermedad fue cada vez a más” y a los pocos años le obligó a permanecer en la cama tumbada boca abajo.

La religiosa ha pasado más de veinte años en la habitación 414 del centro hospitalario. El pasado mes de octubre, ella misma solicitó el cambio a la casa de la congregación que hay anexa a la clínica. Su petición obedeció a que, “a pesar de que allí tenía muchos amigos y estaba a gusto, no podía hacer vida de comunidad, y yo entré a la congregación para esto, para estar junto a mis hermanas”. Pese a que la adaptación a su nuevo destino “conlleva también sus pequeñas dificultades”, ha asegurado que se siente “contenta” y que “aquí me tratan también muy bien y sigo recibiendo la ayuda de mis hermanas de sangre y de congregación“.

Bonilla se despierta todas las mañanas a las 5.30 horas para rezar. Después, participa en la misa, siguiéndola a través de un altavoz que hay en su habitación. Los domingos, sin embargo, se traslada por ella misma con su camilla hasta la capilla para la eucaristía. Por las tardes, se une también en la capilla a su comunidad religiosa para adorar al Santísimo. Y en otros momentos del día, visita el santuario a solas. “Me gusta estar allí con poca luz, en intimidad con el Señor”, ha comentado. “Necesito la oración para vivir; sin ella no sería nada“, ha remarcado.

Una de sus principales “inspiraciones” para afrontar su situación es “la Pasión de Nuestro Señor, porque Él, siendo Dios, quiso sufrir voluntariamente hasta la muerte por el amor que nos tiene a todos”.

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3 comentarios to “Carmen Bonilla, religiosa, 20 años tumbada en una camilla en la misma habitacion de un hospital, 43 operaciones…”

  1. eva guerra bonilla said

    tengo la suerte de ser su sobrina, yo la conoci en persona a los 18 años por que hice ese viaje sola, expresamente para conocerla, nos carteabamos muchos, y solo conocia su letra, fue la semana más maravillosa de mi vida, por que tiene tanta vida que te lo transmite,me enseño que hay que mirar atras, y siempre darle gracias a dios por lo que tenemos, desde que la conoci a pesar de la distancia, por que vivimos lejos la una de la otra, siempre intento ir a verla, aunque me encantaria estar a su lado, por que desde esa cama, siempre que la necesito me ayuda y me da el gran amor que nos tenemos.no tengo palabras malas para ella, por que lo es todo para mi, y el día que me falte, será una gran perdida, pero me quedará con el amor tan gran que me dió y siempre me da, esos grandes consejos que durante mi vida me ha dado, porque desde que se escribir nos hablabamos carta, hasta que ya de mayor hablamos por telefono.con ese espiritu de vida, esa gran sonrisa que tiene,ese corazón tan grande y bueno, que no le cabe en el pecho, yo he conocido gente buena pero como ella, nadie.un beso tita y te quiero mucho.

  2. Juan said

    Hermana Carmen: Estando Vd. en Pilas, era la Hermana, que una de sus labores (estando en la Residencia de Ancianos “Cristo Rey”) era inyectar a los diferentes pacientes que le soliciabamos, pasar por casa (cuando no podían ir al “dispensario” que tenía abierto allá por la Barriada San José?
    Si es la persona que creo, me inyectó bastantes veces.
    Pero empezando como debiera, de verdad, me uno a su enfermedad y desde casa le envío mi más sincero abrazo solidarizándome en la misma, que Dios me siga dando fuerza para poder soportar las dolencias y pidiéndole a su vez que me tenga presente en sus oraciones.
    Con todo mi corazón, un abrazo Hermana Carmen
    Juan Suárez Mora
    Pilas

  3. carmen.moreno.tafolla said

    HERMANA CARMEN QUIERO FELICITARLA POR SU PACIENCIA ES ALGO QUE YO NO TENGO ME DESESPERO FACILMENTE YO TENGO UNA ENFERMEDAD QUE SE LLAMA TRASTORNO BIPOLAR Y AAHORITA LO PEOR NO ES ESO SINO QUE SIENTO QUE ESTOY PERDIENDO LA FE AYUDEME POR FAVOR

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