volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Todo lo mejor

Posted by jorgellop en septiembre 5, 2010

Así se titula  este testimonio aparecido en Alfa y Omega de una monja clarisa. Forma parte de una serie de historias en las que el modo de actuar de los hijos han acercado a la fe a los padres.

 Sí, el padre le había dado todo lo mejor. Todo lo que él consideraba mejor, pero la hija se lo devolvió con creces, con intereses.

Este testimonio es muy actual. Entiendo que los padres tengan sus sueños con sus hijos pero Dios tiene los suyos que siempre son los mejores. Les cuesta aceptar a los padres el camino elegido por sus hijos. pero el tiempo les recompensa porque acaban entediendo algo que es inexplicable: la alegría que viven sus hijos por hacer lo que Dios quiere. Si están en esta situación, tengan paciencia, dense tiempo

Cuando tomé la decisión de entrar en un monasterio de clausura de la Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara, hace ahora once años, la noticia cayó como un bombazo en mi casa, especialmente a mi padre que tanto se había esforzado en darme todo lo mejor en este mundo. Desde ese día, mi padre, a quien admiraba profundamente y que tanto había influido en mi vida, me dejó de hablar; luego, intentó convencerme de que era una locura; y por último se negó a acompañarme el día de mi entrada. Mi madre intercedió, y al fin consiguió convencerle de que viniera con todos al que fue para él como el día del entierro de su hija.

Mis padres nos habían bautizado y todos hemos estudiado en colegios religiosos, pero él se había ido alejando de la Iglesia, de los sacramentos, y al contacto con el mundo del trabajo adquirió una mentalidad materialista y racionalista, sin ninguna referencia a Dios.

La fe que había recibido en germen en el Bautismo parecía sin vida. Criticaba muchas cosas de la Iglesia, la veía como una organización con fallos, y la religión como algo superado por los avances científicos.

Desde que entré, no he dejado de rezar por él, muchas veces con lágrimas, pues quiero que donde esté yo, esté él también conmigo; no me refiero físicamente a un lugar, sino a la comunión profunda en Dios, aquí en este mundo y para siempre, quiero para él todo lo mejor: que conozca a Dios y que le ame.

A lo largo de estos once años, mi padre ha sido alcanzado por Dios a través de mi vida consagrada. Muchas veces, cuando venía de visita, al contacto con las Hermanas, experimentaba alegría y no pena; verme feliz, plena, al tiempo que le daba paz, le hacía preguntarse muchas cosas sobre Dios; yo le hablaba o le daba algún libro para leer.

Él ha tenido la libertad y la valentía de preguntarme cómo descubrí que Dios me llamaba a esta vida y ha ido guardando estas cosas en su corazón; Dios está haciendo el resto…

El último acontecimiento familiar ha sido la boda de mi hermana, en noviembre de 2009. Ella me llamó la víspera y me dijo: Hermana, quiero hacerte un regalo. ¿Sabes qué hemos hecho esta tarde papá, mamá, Miguel y yo? Pues hemos recibido el sacramento de la Reconciliación. Más tarde, al ver las fotos de la boda, me he quedado con una donde se ve a mi padre recibiendo el Cuerpo de Cristo.

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