volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

La Comunión en la mano

Posted by jorgellop en septiembre 10, 2010

El último domingo de agosto en el pueblo riojano de Ojacastro, donde pasa el verano mi familia, participe en la procesión y en la Misa. Eran días de fiesta en el pueblo, se celebran para dar gracias a Dios por todos los beneficios recibidos.

A la salida, me asaltó un pariente para decirme si hacia bien comulgando en la boca. Se había fijado que la gran mayoría de personas esperaban que les diera el Cuerpo de Cristo en la mano. Le explique lo ya conocido, qué está mejor y lo que el Papa hace y recomienda. No hay más que ver las ceremonias en las que participa.  Mi opinión es, respetando otras formas maneras de hacer y pensar, que las personas reciban al Señor en la boca.

Ayer preparando una entrada, que subí al blog, me encontré con esta anécdota que indica la delicadeza que tenemos que tener con la Eucaristía. No perdamos sensibilidad.

Monseñor Schneider es el que lo cuenta. Es la misma persona que relataba como sus padres recorrían cien kilómetros para ir a Misa.

 Yo, durante toda mi vida, he vivido esto, porque recibía la Comunión en unas circunstancias de persecución, y este respeto, era tan natural para mí como para un niño.

Me dijeron que Dios está verdaderamente presente, y que era natural arrodillarse; “Este es el Santísimo”, como decíamos “el Sanctissimum”.

Mi madre que vivió durante los tiempos de persecución, una vez salvó a un sacerdote de la policía en los Urales, a donde había sido deportada. En aquella época su madre, mi abuela, estaba muy enferma. Y cuando el sacerdote iba a partir, mi abuela le rogó a mi madre que pidiera al sacerdote que antes de irse, le dejara una hostia consagrada. Así, en caso de que mi abuela fuera a morir, podría recibir la Santa comunión. Y mi madre hizo esta petición al sacerdote. El sacerdote le dijo: “Sí, le dejaré una hostia consagrada con la condición de que administre la Santa Comunión con el mayor respeto posible”.

Mi madre le dio la comunión a su madre y, para hacerlo, mi madre se puso un par de guantes blancos nuevos, para administrar la comunión, de manera que no tocase la hostia con sus manos desnudas. Ella no se atrevió a tocar el Santo Sacramento con sus manos desnudas, y utilizó una cuchara para administrarlo.

Y esto era tan profundo y tan natural para nosotros que, cuando vinimos y vimos esto en las iglesias occidentales, no me asombré, pero sentimos mucho dolor en nuestra alma. No juzgo a la persona que recibe la comunión en sus manos, esto es otra cuestión, porque pueden recibirla aún así con respeto y amor. Pero, la situación objetiva de la distribución de la Santa Comunión, no puedes negar esto, se ha convertido en algo tan banal, tan poco respetuosa, como distribuir pasteles.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: