volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Una hermana con Sindrome de Down: ¿Cómo he podido tener tanta suerte?

Posted by jorgellop en septiembre 27, 2010

Hace unos meses me dejaron un libro que recoge distintas historias. Me parece que se titula “Historias de la vida” y fueron seleccionadas de un programa de la radio. Poco a poco iré colgando aquellas que más me han gustado.

 

Un día de enero mi madre, por primera vez tras nueve embarazos, tuvo que ir a dar a luz a una clínica; Ana nació de pie. Lo primero que hizo antes de ver el mundo fue probar su temperatura (…)

A la mañana siguiente nos levantamos alborozados con la buena noticia y, cuando nos preparábamos para ir a verla, uno de mis hermanos mayores se asomó a la ventana y gritó contento: “¡Ha nevado! ¡Guau!” A partir de ahí no sé. cómo se las arregló mi padre para controlar nuestro entusiasmo y conseguir poner en marcha a los ocho niños que tenía en casa…Tengo cincuenta y tres años y no recuerdo otra ocasión con la ciudad de Valencia cubierta de nieve.

Entramos en la habitación por turnos; a mí me tocó el último. Habíamos ido a conocer a la nueva hermanita y ¡allí estaba! Con su pelo negro peinado a flequillo, redondita y con unos expresivos ojos azules.

También recuerdo que después, jugando en la nieve con mis hermanos, radiante de felicidad, repetía: “¿Cómo puedo tener tanta suerte? ¡Todo junto! Ha nevado en Valencia y mi mamá ha tenido una chinita”. Si, Ana nació con el síndrome de Down. Es fácil entender por qué la quiero tanto; yo entonces tenía cuatro años, estaba rodeada aún por la magia de la llegada de los Reyes Magos y Ana apareció como una especie de milagro.

Pasó mi infancia y, cuando más tarde mis compañeras hablaban del día más feliz de su vida, aunque reconozco que me daba vergüenza admitirlo, yo recordaba el momento en que conocí a mi hermana Ana. Nunca volví a sentir ese asombro y alborozo. Fue el día más feliz de mi infancia.

Es cierto que su inteligencia no le ha permitido estudiar bachillerato, que conserva su lengua de trapo infantil y que se comporta como una niña; también es cierto que conozco muy pocas personas con su inteligencia emocional. ¡Cómo me ha ayudado a entender las cosas, a hallar la solución escueta y sencilla! Siempre ha sabido lo que es más importante: que te quieran, y si tú, tonta de ti, te quieres agobiar no considerándolo así, estás “faba”.

Anduvo tarde, tenía un artilugio llamado tacatá que sus hermanos mayores empujábamos por el pasillo a gran velocidad ¡Eso no se puede hacer caminando! Ni tampoco te llevan en brazos a todas partes. En nuestros juegos siempre estuvo incluida y acababa siendo el centro de atención. No lloraba si le hacíamos alguna chanza, porque ella no las escuchaba, sólo oía nuestro cariño.

Siempre supo que ella era la más importante. Somos diez hermanos y nos queremos, pero en nuestros corazones Ana es la primera y así ejerce. Cuando necesitas un abrazo es ella quien lo adivina y te lo da. ¿Cómo, entonces, la vas a defraudar cuando te pide consuelo o respuesta mirándote con la esperanza reflejada en sus ojos azules?

MONTSERRAT PALOP JONQUERES

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