volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

El día de su Primera Comunión conoce su grave enfermedad

Posted by jorgellop en octubre 1, 2010

María José Solaz, de 36 años, es la protagonista de un largo artículo publicado en Religión en libertad. Desde niña padece una enfermedad degenerativa.

 Dedica una buena parte la mañana a la oración delante del Sagrario de su parroquia, “me ofrezco al Señor” para que remitan “los males de quienes sufren y me piden que ore por ellos” o, “al menos, para que encuentren alivio”, ha explicado a la agencia AVAN María José, que es natural de Caudete, donde vive con sus padres.

 María José recibió la noticia de su enfermedad con 9 años “cuando tomé la Primera Comunión” y precisa que “el último día que pude andar por mí misma fue el de mi Confirmación”, con 15 años. En los meses siguientes, su musculatura se fue atrofiando como consecuencia de la enfermedad que le afecta ya a todo el cuerpo. En 1995, su grado de discapacidad era del 95 por ciento, según los estudios médicos que se le hicieron, y hace ya una década llegó al cien por cien. Además de no poder mover apenas parte alguna de su cuerpo, desde hace años padece graves dificultades para oír, ver y, sobre todo, hablar.

 

Cartas a Dios para “agradecerle el regalo de cada nuevo día”

 

Hasta alcanzar ese grado de aceptación, no obstante, ha tenido que atravesar también profundos baches anímicos y espirituales. Ella misma reconoce que, siendo una veinteañera, tuvo una fuerte crisis de fe, ya que en esa época rechazaba de plano su situación. “No sólo iba perdiendo la salud, sino también a muchos amigos”, lo que le llevó a sentirse “sola y desgraciada, a pesar de que también había gente que me ayudaba”, recuerda. Incluso confiesa que estuvo “a punto de arrojar la toalla”.

 A María José le resulta especialmente difícil en los últimos meses su creciente incapacidad para utilizar el ordenador. Con él escribe, fundamentalmente, reflexiones y meditaciones, la mayoría de ellas espirituales y dirigidas, en segunda persona, a Dios. En una de ellas, a modo de una carta de amor y titulada “Gracias”, María José comienza diciendo: “Dios mío, gracias de todo corazón por haberme creado, por regalarme un nuevo día, por todo lo que me das y por lo que me darás porque, aunque me inquiete, siempre será lo mejor”. En otro pasaje, expresa su gratitud a Dios “por tu amor y por permitir que cada día me enamore un poco más de Ti, por ayudarme a llevar esta cruz, por hacerme fácil lo difícil o porque estás a mi lado en mis luchas diarias”. La carta concluye así: “Seguro que algún agradecimiento se me habrá quedado en el tintero de la memoria, así que lo mejor es darte las gracias por todo, Dios mío”.

 

En 1999, María José publicó, además, “Y a veces, Venus…”, un libro recopilatorio de algunas de sus poesías así titulado porque ese planeta “es lo que más brilla en la noche, como el Señor, el lucero que me despierta cada mañana”. En la actualidad, el avanzado estado de su enfermedad hace que “apenas pueda escribir ya”, pero “lo poco que escribo es muy gratificante para mí”.

 

“Lo más duro”, no poderse comunicar bien

 

A consecuencia de su enfermedad degenerativa, una ataxia de Friedreich que afecta progresivamente a su sistema nervioso y muscular, María José permanece desde hace dos décadas en una silla de ruedas. Durante los primeros años, utilizó una silla convencional ya que ella misma podía desplazarla. Con el paso del tiempo, tuvo que cambiarla por una eléctrica, que al principio también manejaba autónomamente pero, desde hace unos años, debe ser trasladada siempre por otra persona, al no poder accionar ya el mando de la silla.

 

A pesar de la magnitud de sus problemas físicos, afirma que “lo más duro” ahora para ella está siendo la soledad que nota ante su creciente dificultad para conversar con los demás, que es lo que le “encanta” hacer. También encuentra “alivio” a sus dolores intensos “mirando el crucifijo”. Tiene uno en su habitación rodeado por un rosario. “Me consuela mucho pensar que Jesús, siendo Dios, quiso pasar por la cruz por amor a nosotros”, afirma.

 

 

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Una respuesta to “El día de su Primera Comunión conoce su grave enfermedad”

  1. Roberto Amelunge said

    Que Dios te bendiga, que te dé la fuerza suficiente para seguir dándonos aliento a los débiles, que aún teniendo todas las capacidades físicas para poder ayudar a los demás desfallecemos por nada.
    Que bueno saber que por sobre todas las cosas sigues dando gracias a Dios.
    Te amo sin conocerte, te amo por tu fortaleza, y por todo lo que agradeces a Dios.
    Por favor sigue adelante, tu vida me dá fuerzas para seguir adelante sin quejarme de nada.
    Te amo
    Roberto Amelunge
    ramelunge@hotmail.com
    Tel. (591-4)4250470
    Cochabamba – Bolivia

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