volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Ser todo tuya y sólo suya (I)

Posted by jorgellop en mayo 17, 2011

La autora de este testimonio es Soledad Pérez de Ayala, Licenciada en Filología Inglesa, profesora titular de la Universidad Complutense. Casada, madre de cuatro hijos, vive su vida cristiana como congregante mariana dela Congregación Mariana MaterSalvatoris.  

En enero de 2006, cuando con más intensidad buscaba yo hacer la voluntad de Dios en mi vida, el Señor me hizo ver que iba a tener una enfermedad, para la conversión de mi corazón y quizá la de algunos otros, y para gloria Suya. Al poco me diagnosticaron un cáncer, que me trataron con quimioterapia, cirugía y radioterapia. Ser toda suya, y sólo suya Yo buscaba: Buscab ala Verdad, enla Eucaristía, en todo lo que es de

Él, enla Iglesia, en los sacerdotes, en mi Congregación Mariana. Enrealidad, le buscaba sólo a Él, a Cristo. Empecé a decirle que quería ser toda suya, y sólo suya. No del mundo, ni de la vanidad. Esto es fácil de desear, pero difícil de llevar a cabo porque el mundo te arrastra. Pero a través de la enfermedad, que me obligó a renunciar a tantas cosas – mi imagen, mi trabajo, mis fuerzas – me fui haciendo más de Él. A medida que yo renunciaba a alguna criatura, Él se hacía más fuerte en mi corazón.

Con la ayuda del Señor, de la Virgen María, y de toda mi familia, fuiencajando el sufrimiento de la debilidad, las llagas, el hospital, y todas las molestias derivadas de la medicación. Al principio tenía miedo a la cruz, y ese miedo me hacía sufrir más que la propia enfermedad.

A menudo me había preguntado, antes de la enfermedad, por qué tantos hombres y mujeres padecen en el mundo, haciéndose partícipes dela Cruz, y yo tenía una vida cómoda. Al entrar a formar parte de los que sufren,me sentí parte del Pueblo del Señor. Siendo débil en el Señor, notaba más Su fortaleza en mí.

Entonces se me pasó el miedo. El sufrimiento essuperado por el Amor, y al sufrir con Cristo, nos hacemos partícipes de Su Amor. Yo le decía al Señor que si me daba fuerzas, saldría de mímisma, le amaría más y también a mi gente.

Al mismo tiempo, en el amorde los otros hacia mí, sobre todo en el de mi marido, descubrí el Amordesbordante del Señor. Mi familia se volcó conmigo. Mucha gente me llamó para decirme que rezaba por mí. Yo ofrecía mis dificultades por todos ellos. Así se formó un círculo de oración y de gracia. En los momentos más duros, sólo mi Madre del cielo me ha podido ayudar.

Ella, María, me ha aligerado esa carga que cae pesadísima sobre los hombros; ella sola me ha deshecho el nudo de la garganta, y me ha hecho ver que esto es un encuentro con su Hijo, gracias al cual yo también puedo entonar mi pequeño magnificat.

Esta es la primera parte del testimonio. Como es extenso y con mucho contenido he decidido dividirlo en dos.

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