volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

De los brazos de su madre a los brazos de Dios

Posted by jorgellop en diciembre 30, 2011

Hace poco, me llegó la carta que una ginecóloga había enviado pidiendo ayuda:

«Desde que, en marzo, M. supo que estaba embarazada -decía la carta-, se sintió feliz e inmensamente madre. Y con ese amor de madre acogió a su hijo en sus entrañas. Pero, en su primera visita al hospital, llegó el mazazo: Tu hijo tiene una gravísima malformación; morirá en cuanto nazca. Tienes que abortar.

Pero M. ya era madre, y desde su sencillez de joven inmigrante sin estudios, recursos, ni apoyo familiar, tuvo claro que iba a amar hasta el último segundo de la vida de su hijo. Desde entonces, tuve el inmenso privilegio de acompañar la vivencia, dura y dulce, de este embarazo. La he visto reír al sentir los movimientos de su pequeño, y sufrir de soledad y miedo. Y asegurar, con firmeza, que su hijo moriría en sus brazos y no en una trituradora».

Todo se fue preparando. Hasta el sacerdote que lo bautizaría, por deseo de la madre, apenas naciera. En el quirófano, a la hora señalada para la cesárea, le administró el sacramento, con el cordón aún latiendo entre madre e hijo. Conmovido, el equipo médico corrió con los gastos del embarazo y la cesárea.

Pero M. había sugerido su deseo de incinerar el cuerpo de su hijo para llevarlo con ella a su país, y ése era el motivo por el que la ginecóloga había pedido ayuda, por carta, a sus familiares y amigos.

En tres días se rebasó la cifra necesaria. Al conocer el caso, la empresa funeraria no quiso pasar factura y ese dinero se ha enviado a la ONG religiosa Proacis, que trabaja en África contra el sida y la desnutrición. Hace unos días, en la iglesia donde reside el sacerdote que bautizó al niño, se ha celebrado una Misa de Acción de gracias, a la que asistieron todos los que han arropado a M.

Al final, al agradecer a todos los que habían respondido a su petición de ayuda, la ginecóloga leyó unas líneas, que resumo: «Los que tuvimos el privilegio de acompañar el crecimiento del niño dentro de M., sentimos que estábamos ante un gran milagro de amor. Cuando nació, cientos de personas dimos a aquel niño la bienvenida a la vida, sobrecogidas de amor y ternura. Yo tuve el privilegio de hacerle la primera caricia al sacarlo del vientre de su madre, y lo hice con la reverencia de quien sabe que roza con sus dedos algo sagrado. El niño pasó cada segundo de su vida abrazado por su madre, acariciado, besado, amado. Con el último latido de su corazón, pasó de los brazos de su madre a los de su Padre Dios… El tiempo de Dios, el kairos, no se mide en minutos, como el nuestro. Y, si se mide en amor, ¡qué larga y fructífera ha sido la vida de este niño

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: