volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Carta de una mujer embarazada y con un tumor a Juan Pablo II

Posted by jorgellop en enero 21, 2012

Hace unos días acabé de leer “Canto a la vida” de Mercedes Sallisachs. Este libro  de pocas  páginas cuenta la historia real y feliz de Laura: una mujer que  vive la aventura de estar embarazada a la vez que se le diagnóstica un tumor. Esta editado por la Clínica Universitaria de Navarra donde fue tratada.

Esta carta que aparece en el libro es el mejor resumen.

 

Santo Padre:

 Esta es una historia preciosa que cada día vivo, disfruto y me acerca a Dios. Con ella he aprendido a verla mano de Dios en mi vida, en mi matrimonio y, sobre todo, en mis hijos.

Me llamo Laura Castány estoy casada con Jorge desde hace once años. Tenemos cuatro hijos: María (9 años), Ignacio (7 años),  Inés (6 años) y Jaime (18 meses). Soy economista, trabajé durante diez años en un banco, pero hace unos años decidí trabajar menos para poderme dedicar un poco más a mi familia.

Soy la segunda de nueve hermanos (uno de ellos con parálisis cerebral). Mis padres fallecieron de cáncer cuando todos éramos muy jóvenes. Nos dejaron la mejor herencia que se puede, que es una buena formación, claridad en la escala de valores y una vida ejemplar. Entre todos salimos adelante, tuvimos tropiezos, dificultades económicas y personales, tropezamos, nos levantamos., pero todo ello con mucha unión y respeto los unos por los otros. Hoy estamos todos  con nuestras vidas orientadas. A raíz de la muerte de mis padres, yo siempre tuve verdadero temor a la enfermedad y lo veía como algo malo, oscuro, sin salida.

Pero esto no es lo que tengo tantas ganas de contar. Hace dos años, en septiembre de 1999 detecté un bulto en mi pecho. No sé por qué, pero algo me estaba avisando de que tenía que actuar rápido. Dados mis antecedentes familiares, contacté con un médico inmediatamente. Me recibió al día siguiente, pero ese bulto: sabía que podía estar embarazada, aunque tal vez era demasiado pronto para detectarlo.

El médico se preocupó de analizar ese tumor, pero no daba importancia alguna al posible embarazo. Dada mi insistencia, la enfermera (a espaldas del médico) me realizó una prueba que podría ser bastante fiable. Al cabo de una hora, me confirmaban el embarazo, pero las otras pruebas todavía iban a tardar unos días.

A los siete días me enviaron los resultados. Parecía estar todo bien. Pero otra vez yo no estaba tranquila, algo me decía que sería bueno tener una segunda opinión. Fuimos a otro equipo de médicos que, a pesar de opinar que no parecía un tumor maligno, me realizó unas pruebas adicionales. Al día siguiente me comunicaban que el tumor era maligno.

Nos encontrábamos (Jorge y yo) con un tumor maligno y un embarazo de muy pocos días. Sabíamos que teníamos que actuar rápido o el tumor se extendería. Teníamos claro que nuestro hijo existía y que eso había que respetarlo.

 Acudimos de urgencia a varios equipos médicos. La búsqueda no fue fácil, yo estaba muy nerviosa. Sabía lo que me podía pasar, tenía mucho miedo… Pero era Dios el que nos había puesto en esas circunstancias y esperaba algo de nosotros, lo teníamos claro.

Nos encontramos con unos equipos médicos con una total ignorancia de cómo tratar un caso así y no dudaban de que el aborto era el primer paso que dar. La desazón que sentimos esos días fue tremenda. Contacté con una amiga a la que había pasado algo parecido y me aconsejó ir a la Clínica Universitaría de Navarra. Habían desarrollado conocimientos de cómo tratara embarazadas con cáncer, sabían perfectamente qué pasos dan Nos encontramos con un equipo excepcional de profesionales y de personas.

 

El proceso fue muy largo. En primer lugar, se  operó a los pocos días. Los resultados indicaron que era necesaria una subsiguiente intervención más radical. Dos operaciones, seis sesiones de quimioterapia de 72 horas cada una con un embarazo… Explicar lo que sentía es muy difícil tenía miedo por mi vida, por mi hijo, por mi familia…

Pero tenía claro que era lo que Dios quería de mí. Yo estaba sorprendida de lo que Dios debía valorarme, porque no sólo tenía un cáncer (que tanto temía) sino que además estaba embarazada. Recé mucho, y aprendí que Dios nos da fuerzas para salir adelante. Cuando estaba decaída moral o físicamente, pensaba que Dios sabía que podía hacerlo bien y eso me daba fuerzas para seguir adelante y de la mejor manera posible.

Aprendí que Dios nos da fuerzas para lo de hoy, no para todo lo que podamos imaginar, así que debía acotar mi imaginaba continuamente del hágase en mf de la Virgen María y le pedía que me cuidara y me arropara desde el cielo.

Conseguimos que los niños no supieran lo  que estaba pasando. Si acaso que era un embarazo difícil. Cuando llegaban del colegio parecía que todos los sufrimientos se disipaban porque en ese momento lo importante eran ellos, me olvidaba de mí misma.  El amor por tus hijos supera a cualquier tratamiento psicológico.

Mi marido estaba conmigo, mi familia me ayudó muchísimo, descubrí verdaderas amistades. Estaba rodeada de cosas buenísimas. Puedo decir que he palpado los rezos de la gente y estoy eternamente agradecida.

En mayo de 2000 nació Jaime tras un parto difícil de dos días que acabó en cesárea.  A pesar de la medicación y de las operaciones, Jaime estaba perfecto, pesó al nacer dos kilos y ochocientos gramos y era un bebé sano. Había nacido porque Dios lo puso ahí. Hoy Jaime es un niño guapo, fuerte, con una sensibilidad increíble y tremendamente alegre.

Cuando veo a cualquiera de mis hijos, veo las manos prodigiosas de Dios, la creación. Ya no podemos tener más hijos, pero en el último momento Dios nos quiso poner a Jaime a nuestro cuidado, tal vez como un premio o como aliciente en la enfermedad que tanto temía. Mi vida vuelve a ser la misma, pero con una visión diferente que Dios me ha regalado.

Tengo que dar gracias a Dios por lo que me sucedió, lo bueno supera con en Él para el futuro. Dios está con nosotros en El para el futuro. Dios está con nosotros y sea lo que sea no nos abandona. Ahora me queda la misión de educarlo mejor posible a nuestros hijos, transmitirles los valores que tanto nos han ayudado.

El motivo por el que le escribo es que vamos a ir a Roma con los cuatro niños y mi familia política, y nos encantaría poder asistir a la Santa Misa que celebra todos los días en su capilla privada y luego poder presentarle a esta familia cristiana que tiene muchos motivos de alegría.

No quiero despedirme sin decirle que cada día rezamos por Su Santidad, su persona e intenciones y sus colaboradores. Le pido su bendición apostólica para toda la familia.

PD: Estaremos en Roma desde la noche del día 30 de abril hasta la tarde del 5 de mayo. 

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