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Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

El milagro del ajedrez

Posted by jorgellop en marzo 11, 2013

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El ajedrez es un deporte barato, que no requiere materiales lujosos ni un vestuario específico, aunque a veces se impongan ciertas normas. Que en algunos lugares florezca un maestro es, sin embargo, un pequeño milagro. O no tan pequeño, porque ocurre aún menos a menudo que los oficiales. La joven Phiona Mutesi, de Uganda, es un ejemplo único de superación, después de vivir en unas condiciones penosas incluso para lo que se considera habitual en África.

Así comienza un artículo de ABC.

Al padre de Phiona se lo llevó el sida cuando ella tenía tres años. Después de perder a una hermana, dormía en la calle y era corresponsable de alimentar a su familia. Ella misma llegó a asomarse tanto a la muerte que con ocho años llegaron a ponerle la mortaja para enterrarla, pero Phiona se escapó de las garras de la malaria y demostró tener un talento especial para el ajedrez.

 

Si el ajedrez tiene rostro, para Phiona tendría el de Robert Katende, un misionero con otra gran historia detrás, director regional de una organización cristiana que intenta recuperar a los niños más desfavorecidos a través del deporte. Después de rescatarse a sí mismo gracias al fútbol, Katende impulsó un programa de ajedrez, la tabla de salvación a la que un día se agarró una niña sucia y desvalida, una de tantas. La pequeña Phiona buscaba algo de comida para su hermano. Katende le ofreció un cuenco con avena y unas clases de ajedrez, como a todo el mundo, y le descubrió un mundo nuevo y prometedor.  

 

Aparte de distraer el hambre, el tablero demostró ser un arma magnífica. «Te enseña a evaluar, a tomar decisiones, hacer pronósticos, resistir y a no darte por vencido», explica Katende. «La disciplina, la paciencia… todo se puede conseguir en el juego». Después de largas caminatas diarias de cinco o seis kilómetros para recibir más clases (mal vistas por los hombres de su pueblo, que consideraban el ajedrez un juego de blancos), Phiona Mutesi tardó un año en aprender los secretos de aquel bendito juego, según ha contado. 

 

Con 11 años ganó el campeonato juvenil de su país. En 2010 participó en la Olimpiada de Khanty-Mansisyk (Siberia), donde conoció el hielo. El año pasado repitió en Estambul, donde se convirtió en la primera africana que lograba un título de la FIDE.

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En cualquier otro lugar, sus logros no habrían atraído a las cadenas de televisión, pero nadie negará que el caso de Phiona es especial. Disney ya ha comprado los derechos para rodar la película de su vida.

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