volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Emocionante

Posted by jorgellop en marzo 14, 2013

Esta palabra resume los minutos de espera que viví desde la fumata blanca hasta el anuncio del nuevo Papa.

Hoy recordaba como fue en otras ocasiones: la elección de Juan Pablo II me cogió en el coche, en las antiguas curvas de Deusto; la de Benedicto XVI, en la misma Plaza de San Pedro y la de Francisco I en una sala de estar con gente dando gritos y sacando fotos a la televisión.

Han sido días de oración y sacrificio por el nuevo Papa. He rezado y he pedido oraciones. ¡Cuántas personas de mi entorno se han sumado a estas peticiones!

Como leí hace unos días, el Papa ya se conocía: Dios lo conocía. Ayer se nos ha comunicado a todos.

Ayer me acostaba con el deseo de saber más detalles de su vida y con la petición que Francisco I pasara una buena noche.

Hoy, a las siete de la mañana me he encontrado con mi amigo, el aparca coches, que me ha preguntado:

-¿Por qué eligen a uno tan mayor?

Me sumo a la respuesta que ha dado el Prelado del Opus Dei en un comunicado:

“En estas semanas de espera serena, se ha hablado mucho de la carga que pesa sobre los hombros del Santo Padre. Pero no olvidemos que el Papa cuenta con la ayuda de Dios, con la asistencia del Espíritu Santo y con el afecto y la plegaria de los católicos, y de millones de personas de buena voluntad.”

El  Papa inicia una  nueva vida, ahí estamos  todos con nuestra oración para no dejarle solo.

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