volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Deseo de ser otro

Posted by jorgellop en julio 30, 2013

Es lo que me venía a la cabeza y Luis Sepulveda ha sabido expresar en el artículo del Mundo del que tomo unos párrafos. 

Este hombre desearía ser cualquier otro hombre. Desde que su reloj se paró, a las 20.40 de un 24 de julio, se encuentra en la peor compañía que un ser humano puede imaginar: la de sí mismo, cuando uno ha fallado y el fallo no tiene remedio.

Este hombre desearía ser, por ejemplo, cualquiera de los vecinos del lugar de Angrois que en cuanto se percataron de lo sucedido corrieron a auxiliar a las víctimas, les llevaron mantas, abrieron sus casas de par en par a los servicios de emergencia. Nadie quiere que ocurra algo así, nadie lo quiere justamente donde vive, pero quién no desearía estar en disposición de recordar, una vez que la tragedia le alcanza, que estuvo allí, a pie firme, contribuyendo a aliviar el dolor de las víctimas y poniendo para ayudarlas lo poco que tenía, sin escatimar nada.

Tampoco le importaría ser cualquiera de los bomberos, policías municipales y nacionales o guardias civiles que acudieron al lugar del accidente y a los que el mismo ministro que a él le atribuye indicios racionales de delito felicita como héroes de la jornada.

 Puestos a elegir, le gustaría ser ese guardia civil que ha salido en el periódico y que estuvo consolando a una mujer atrapada bajo un vagón durante el tiempo que tardaron en liberarla, que luego encontró a su hija quinceañera herida en el accidente y finalmente acudió a la UCI para visitar a la mujer y decirle que la chica estaba bien y recibir su gratitud inextinguible.

Y qué decir de los médicos, enfermeras, auxiliares, conductores de ambulancia, que en las horas inmediatas al descarrilamiento lograron arrancar de las garras de la muerte a decenas de personas. Cuánto desearía, en vez de recordar lo que tiene que recordar (y desde donde tiene que recordarlo), sentir el agotamiento tras las horas de trabajo a destajo de todos esos profesionales admirables, incluidos los que estaban de vacaciones y volvieron de ellas, o los que estaban en paro y después de arrimar el hombro debieron regresar a la zozobra de la falta de nómina.

(…)

¿Puede alguien albergar alguna duda de que él, de haberse encontrado en el lugar de cualquiera de todas esas personas, vistiendo el uniforme u ostentando la responsabilidad correspondiente, no se habría fajado por las víctimas? 

(…)

Pero él es quien es. El que tuvo la distracción fatal. O al menos, el que no puede cargársela a otro. Él iba en la cabina. Él debía haber puesto el tren a 80. Él omitió hacerlo. Él, en la desesperación del momento, se achacó la culpa del desastre. Está grabado, publicado, lo han repetido hasta la saciedad.

(…)

El maquinista desearía ser otro porque sobre nadie más parece recaer la carga de 78 muertos. Porque a nadie le importa su dolor o el de su familia. Porque al señalado como culpable y a los suyos se les niega, siempre, el derecho a ser compadecidos.

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