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Un matrimonio con riesgo: casarse sin trabajo

Posted by jorgellop en octubre 29, 2013

Noemi Addestri, una joven de Roma, dio su testimonio en presencia del Papa Francisco en la Jornada Mundial de las Familias en Roma. Junto a ella estaba su  novio, Emiliano Salamone.

Ella misma se presenta en una entrevista a Zenit:

— Me llamo Noemi Addestri, tengo 27 años y vivo en Roma. Soy licenciada en Letras y desde hace dos años trabajo en el Foro de las Asociaciones Familiares.

Soy la tercera de siete hermanos y he crecido en una familia cristiana. Esto ha sido determinante para mi vida, primero porque sé que si mis padres no hubiesen conocido el amor de Dios yo no habría nacido y también porque a través de ellos he podido yo también tener una experiencia seria del amor de Dios en mi vida.

Hace cuatro años empecé a salir con Emiliano y poco a poco el Señor ha hecho con nosotros una historia preciosa, que primero nos ha llevado a conocernos profundamente el uno al otro, y después a amarnos en la verdad, buscando siempre basar nuestra relación en Jesucristo.

 De hecho, nos hemos dado cuenta de que el amor humano, si bien es importante, no puede bastar para garantizar la felicidad de un matrimonio, porque nuestras diferencias a menudo nos han llevado a estar en desacuerdo. De aquí ha nacido la conciencia de podernos donar verdaderamente el uno al otro solamente pidiendo esto al Señor, a través de la oración y los sacramentos. Esto nos ha llevado a tener en el corazón el deseo de casarnos por la Iglesia.

– Hemos sido elegidos para dar nuestro testimonio delante del papa porque hemos tomado la decisión de casarnos en un momento de gran crisis económica, que ha quitado la esperanza y la confianza en el futuro a muchos jóvenes. El no poder confiarse en un trabajo estable, en la posibilidad de tener una casa, da mucho miedo, por lo que puede llevar a muchos jóvenes a creer que en esta precariedad no es posible construir un futuro o tener una familia.

Casarse hoy, por tanto, significa ir contracorriente y, en un cierto sentido, ser revolucionarios. Emiliano y yo, en nuestra pequeñez, nos sentimos llamados a participar en esta revolución. Tampoco nosotros tenemos una casa, yo tengo un trabajo que definiría como precario, y Emiliano no trabaja. Pero todas nuestras seguridades son el Señor, porque hemos vivido hechos concretos que nos han hecho experimentar que su amor por nosotros es “para siempre”, y por tanto no nos abandona nunca. Si el Señor está con nosotros, ¿de qué podemos tener miedo?

 

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