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Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Cómo termina tu cuento de Navidad

Posted by jorgellop en diciembre 21, 2013

Llevo varios días hablando de la Navidad. Me han servido mucho las palabras que ha ido diciendo el papa Francisco.

Hoy tengo que dar unas pláticas a una niñas que ya me han escuchado en otros momentos. Como no quiero repetirme, se me ha ocurrido recurrir a lo que S. Josemaría animaba a ser en Belén – y en general en todo el Evangelio- un personaje más.

Hace años una madre me comentó que su hija asumía, para conocer y tratar más a Jesús, un papel cercano en su vida: quiso ser la cuidadora de Jesús.

Escuché al posadero decir a una pareja que no tenía sitió en su posada. Yo soy su vecina y también soy su sobrina. En estos días de más trabajo ayudaba a mi tío. Muchos extranjeros estaban en Belén en esos días. No era los primeros que despedía mi tío. No había sitio para nadie. Pero ese matrimonio, su mujer estaba embarazada, lo vi aunque no se bajo del borrico, tenía algo especial.

José, así se llamaba, pidió un favor especial. Necesitaba un solo puesto para su mujer.

-Yo puedo dormir en cualquier sitio pero mi mujer está en una situación muy delicada.

-Lo siento mucho. Es imposible. No podemos acoger a nadie más.

Era una conversación que se repetía los últimos días. Ya la había escuchado varias veces pero José no reaccionó como esperaba, bruscamente. Se hizo cargo y hasta dio las gracias.

Yo había escuchado las palabras de uno y otro. Siempre me dicen que estoy poniendo la oreja detrás de las puertas.

Durante este tiempo me había quedado mirando a María, como se llamaba la mujer de José, que desde el principio me impresionó: daba ganas de acercarse y hablar con Ella.

Con esta pareja no salí corriendo como con otras. Me quedé allí para asaltar a José y ofrecerme:

-¿Puedo ayudar en algo?

Me contó su problema. No tenía fácil solución pero se me ocurrió una posibilidad, no la mejor, pero sí la única.

Conocía un sitio a las afueras de Belén que está poco preparado pero es tranquilo. Ocupado solo por ganado, suele haber algún buey y algún burro. Hasta una vaca he visto en ese sitio. Algunas veces cuando no hay otro lugar sirve para dormir a viajeros de paso.

-Vamos a verlo, me dijo José viendo que María decía que sí.

Cogí una lámpara; la encendía y me puse a andar cogiendo al burro del ronzal. En el camino, María me fue preguntando cuántos años tenía, cuántos hermanos, como me llamaba…

Nadie me había hecho nunca estas preguntas. Me hacía sentirme mayor.

Llegamos a la gruta. Por las caras que pusieron esperaban algo todavía peor. Puede ser que el calor que daban los animales lo hacía un poco más agradable.

Después de bajar del burro, María, aunque se le veía cansada del viaje, se puso a ordenar y adecentar el lugar. José como me habían enseñado tantas veces, cogió al burro lo cepilló primero para darle de comer después.

Yo iba de un lado a otro. Se sentía responsable de que esas personas que había comenzado a querer, se sintieran a gusto. Puse mi esfuerzo en ayudar a María y vi en sus ojos que me necesitaba y no tardo en decirme:

-Gracias, Ruth, ¡qué hubiera hecho sin ti!

José me iba preguntando algunas cosas que yo conocía bien de Belén: donde estaba la tienda del pueblo, si había comadrona…

Yo estaba cada vez más a gusto. No quería volver a casa a pesar de que se estaba haciendo tarde. Sí, sabía lo que me esperaba si llegaba pasada una hora. No me importaba ser castigada.

No quería irme. Solo las palabras de María me convencieron:

-Ruth, vete a casa y mañana vienes otro rato.

Después de dar las buenas y despedirme, corrí hasta mi casa con el pensamiento de que mañana estaría ahí tan pronto como pudiese. Si era necesario me escaparía.

Al día siguiente, después de hacer mis obligaciones: la cama, barrer la habitación y otras cosas que no me costaron como otras veces, salí disparada hacia la gruta.

 

 

Aquí me quedé para que siguieran ellas y después de darles un minuto para que pensaran el final, les pregunté cómo terminaba.

Las respuestas fueron de todo tipo. La que me daría para seguir este cuento con el que pretendía que aprendiesen hacer oración delante del Belén, fue que Ruth esa mañana presencia como María da a luz al Niño Jesús ayudada por la comadrona de Belén…

Ruth se convierte en comadrona de Belén, cuida a muchos niños, muere y se hace santa, añadió Lucía, una niña de 4 de EP.

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