volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Me dijo que no a mi proposición porque sabía lo que era el amor.

Posted by jorgellop en octubre 6, 2014

Nací en una familia de fuertes convicciones cristianas. Mis padres eran de Misa diaria  y me llevaron a un colegio religioso. Desde pequeña me habían enseñado lo que estaba bien y lo que estaba mal en referencia al sexto y al noveno mandamiento. Tenía desde niña la ilusión por tener una vida limpia, pero cuando llegó la adolescencia, mi mundo ideal se rompió.

Conocí a un chico por el que hubiera hecho cualquier cosa. Me enamoré perdidamente de él. Mis amigas, algunas de ellas con una formación escasa, me animaron a no dejar escapar la oportunidad, y busqué en este chico no el amor sino el sexo. Yo entonces no lo sabía, pero a pesar de todo lo que me habían enseñado, pensaba que querer a otro era dárselo todo si sentías que le querías.

Tenía la imaginación alocada y solo buscaba el momento del asalto definitivo. Solo mi timidez y una vocecilla interior me impedían dar el último paso. Finalmente, una tarde de verano, le pedí tener relaciones con él. Pensé que diría que sí. Mi sorpresa fue mayúscula cuando se levantó del sofá, me miró con una cara de pena bestial y se fue sin decirme nada.

Anduve detrás de él cinco días consecutivos, le hice mil llamadas a su móvil y le mande cuatrocientos mensajes, pero no me respondió nunca.

Pasados esos días, quiso verme.

Nos sentamos en la terraza de un bar y cogiéndome suavemente de las manos, me dijo entre lágrimas: “tu vales mucho más que eso”…

Entendí entonces muchas cosas. Había estado tan ciega que pensaba que el amor era un juguete roto al servicio del propio egoísmo. Este chico me enseño lecciones que son difíciles de explicar con palabras.  Mi relación con él no prosperó años después, pero siempre recuerdo esa cara de pena que recibí de alguien que verdaderamente sabía lo que era el amor.

Aprendí para siempre que existen personas que saben vivir limpiamente, aunque tantos y tantas me hayan dicho luego que eso es imposible. Fue la lección más amable, más auténtica y más profunda que he recibido en toda mi vida.

Fuente: Antonio Pérez Villahoz. Estás hecho para amar.

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