volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Atendiendo a un enfermo

Posted by jorgellop en diciembre 7, 2014

Esta semana comencé a llevar la Comunión a un enfermo. El sacerdote que se lo llevaba no podía y me pidieron si yo me podía acercar. Fui el martes el primer día, despidiéndonos para el día siguiente.

El miércoles su mujer me llamó diciendo que había dormido estupendamente pero no podía respirar bien. Con deseos de que no le faltara nada en esos momentos tan especiales, me preguntó si lo levantaba. Como sabía que estaba bien preparado, le comenté que no lo hiciera y si cambiaba su estado, me llamase.

El primer día fui como voy siempre que tengo que atender a una persona que se encuentra en sus momentos finales. Con los ojos bien abiertos…sensible, con deseos de aprender.

Entré en la sala donde se encontraba el enfermo, en un sillón. Muy rodeado. Sonriente. Hizo un gesto de levantarse como signo de respeto para el Señor que estaba en su casa. Le dije que se sentara.

Primera lección: alegría a pesar de vivir una situación que invita a la tristeza.

Segunda impresión, lección. Me encontré a una persona rodeada de las personas queridas. Otras veces no es así. Cuando salía de la casa entraban otras personas: sus padres, dos hermanas. No querían desperdiciar el tiempo de estar con él. Me comentó su mujer que les avisaba cuando se levantaba para que acudieran a hacerle compañía.

Podía parecer que había demasiado barullo para el estado en el que se encontraba. Una le cogía la mano, otra le decía algo cariñoso. Nada empalagoso.

En ningún momento ni un gesto de dolor. Solamente tosió…Transmitía serenidad. Esa entereza con la que ha vivido. Algo que no se improvisa sino que se aprende a lo largo de los años. Tercera lección recibida en escasos minutos que pasé con él.

Cuando alguna vez me comentaban que después de una sesión de quimio había ido a trabajar, o se había ido a trabajar pensaba que está hecho de otra pasta.  Hasta tuve que adelantar la hora para llevarle la comunión porque su jefe venía a despachar algunas cosas del trabajo.

Después de darle la comunión…le dije. Todos esto te va  a costar algo. Me miró diciéndome. Qué me va a pedir…Te pido que reces por las chicas  del colegio. Sí, ofreceré algunas cosas…

Se dice que se muere como se vive.

Vivió rodeado, murió rodeado. Murió sereno. Una buena muerte.

Al subirme en el ascensor, me encontré con un vecino que me preguntó cómo estaba. Después de decirle su estado, me respondió:

-Se nota la fe en estos momentos, lo hace más fácil todo.

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