volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Cuando se encuentra a Dios, se le encuentra hasta en los problemas de tráfico

Posted by jorgellop en febrero 5, 2015

Opus Dei - “Procedo de una familia gitana y conocí el Opus Dei gracias al fútbol”

Procedo de una familia gitana y conocí el Opus Dei gracias al fútbol. Así comienza el articulo aparecido en http://www.opusdei.es en el que Juan Antonio encuentra a Dios. El artículo completo está en http://www.opusdei.es/es-es/article/gitano-sevilla-cooperador-supernumerario-opusdei/

Me quedo con lo siguiente:

Al día siguiente de hablar con el director del centro sucedió lo siguiente. Salía como de costumbre de la oficina a casa. Iba en coche. Normalmente tengo que darme mucha prisa pues, al tener un horario tan ajustado, apenas llego a casa, como, y me vuelvo al trabajo. El hecho es que, en un momento dado, adelanto a un coche y al ponerme delante de él doy un frenazo por el intenso tráfico que tenía delante, obligando a frenar al coche de detrás.

En esto, me fijo en el retrovisor interior y veo al conductor furioso y profiriendo tales gritos e improperios que creo inconveniente trasladarlos aquí. Yo, que andaba pensando en otra cosa, me extraño muchísimo de ver semejante enfado y como si tal sigo a lo mío. Avanzamos un poco y el susodicho se pone a mi altura, baja la ventanilla y recomienza con la retahíla de insultos, ahora sí, directamente hacia mí. Yo bajo la ventanilla y en esto me llueve otra ráfaga de expresiones imposibles de volver a decir.

En ese momento me doy cuenta de que, en la parte del co-piloto de su coche va una mujer con una niña llorando en brazos, entendí que al dar el frenazo dio con la cabeza en el salpicadero y la pobre niña se hizo mucho daño. Pero de ahí a que aquel hombre subiera el tono de esa forma… va un buen trecho.

Aquí es cuando viene el avance. En condiciones normales, yo hubiera actuado de dos modos: primero, devuelvo todos los insultos que han caído sobre mi persona; segundo, me bajo del coche y le meto dos guantás que lo dejo fino.

Pero en aquel momento, lo único que se me vino a la cabeza fue la cara de nuestro Señor y una pregunta: ¿qué haría Jesucristo en esta situación? Aquel individuo seguía insultándome, el corazón se me salía del cuerpo, pero increíblemente no hice nada de lo anterior.

Recé un avemaría por aquella familia y seguí el camino a casa. Fue la primera vez en mi vida que, ante una situación como esta, conseguí dominar mi carácter y poner visión sobrenatural. Dios estaba empezando a colarse bien adentro.

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