volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Mi marido ya no es el que fue, el que conocí y me enamoré (I)

Posted by jorgellop en septiembre 3, 2015

Hace unas semanas terminé de leer el libro “Sexo con alma  y cuerpo” en el que escribe introducción y conclusiones Munilla, el obispo de San Sebastián. Me ha gustado. Tiene las dos ces:  claro y concreto…

Entre sus páginas aparece la historia del matrimonio de Amparo y Manuel.

La divido en dos entradas por ser un poco largo. Ver tantas líneas aunque sea bueno el testimonio, nos echa para atrás. 

Manuel y Amparo llevaban siete años casados cuando él tuvo un accidente. Al salir del trabajo, cuando cogió el coche para volver a casa, una furgoneta se le echó encima, con la mala suerte de que el impacto dio de lleno en el asiento del volante, donde iba Manuel conduciendo.

El pronóstico que le dan a Amparo es descorazonador: Manuel está en coma, será difícil que salga de esa situación y si sale, dado que el golpe mayor ha sido en la cabeza, hay muchas posibilidades de que se quede en estado vegetal. Descorazonador para cualquiera, pero no para Amparo, que por carácter, convicción y porque está muy enamorada de su marido, no es presa fácil del desánimo. Se propone hacerlo todo para ayudarle a volver a la vida.

Las horas que tiene permitidas las pasará con él en la UVI. Deja a los niños bien cuidados en casa de los amigos, que desde el primer momento han estado cerca, disponibles para ayudar. Cuando está con Manuel no para de hablar: le cuenta el día a día, cómo están los niños, le estimula poniéndole su colonia, gafas… Lo intenta todo, pero él no responde, hasta que se le ocurre grabar a los niños.

Hace una grabación muy emotiva donde expresan con espontaneidad lo que sienten: “¡Papá, vuelve pronto! Te queremos… Te echamos de menos… ¡Ponte bueno!” En ese momento, el monitor al que Manuel está conectado presenta signos de que el mensaje llega a su receptor; algo dentro de él se conmueve y queda reflejado en la pantalla.

Primera señal de esperanza. Amparo sabe ahora que Manuel la escucha. Retoma fuerzas y sigue en su empeño. A veces le parece que Manuel mueve la mano y que la presiona cuando ella se la sostiene. Pero los médicos no la creen. Ellos llevan días estimulándole incluso con dolor en zonas donde la respuesta es refleja y hasta la fecha nunca ha respondido.

Un día, aprovechando la visita periódica del médico, Amparo le pide a Manuel: “Por favor, Manuel, mueve un poquito la mano, que los doctores piensan que me lo invento yo. De tanto pasar tiempo contigo y de las ganas de que mejores, creen que me autosugestiono. Anda, mueve la mano; un dedo, algo, que el doctor lo vea”. Y Manuel, dócil y disciplinado, obedece, para sorpresa del médico, que registra en su informe: “No responde a ningún estímulo, ni siquiera doloroso. Únicamente a su mujer”.

Hay que tomar nota, porque este fue un hito en su recuperación.

Después de un mes subió a planta y en el siguiente pronunció su primer susurro. Fue cuando ella le estaba limpiando, hizo un mal movimiento y se disculpó: “Perdona, Manuel, que te he hecho daño”. Él dijo: “Sí” de manera apenas perceptible, pero aquello fue una fiesta. Tras dos meses en el hospital llegó el momento de trasladarlo a un centro de daño cerebral. Según dijeron todos los que trabajan con este tipo de enfermos, su recuperación al cabo de unos meses fue asombrosa, increíble. Otros, con menos daño, avanzaban más lentos, al no tener un estímulo tan incondicional y enérgico como el suyo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: