volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Testimonio de una mujer que quería ser escuchada

Posted by jorgellop en marzo 19, 2016

Carta de C.N. a monseñor Aillet y otros cinco obispos franceses

Señora C.       N.        (borrado el resto)

A: Monseñor Aillet

Obispo de Bayona

A los monseñores Aillet, Rey, De Germay, Cattenoz y Ginoux

15 de febrero de 2016

Objeto: Testimonio de una mujer que querría ser escuchada.

Queridos padres obispos:

En el debate que está teniendo lugar en torno al “derecho a la vida” y a la “lucha contra el aborto”, para hablar claro, querría compartir aquí algunas líneas con la esperanza de ser escuchada.

Nací y me eduqué en una familia activamente católica y yo misma fui militante, pero a la edad de 27 años, habiendo perdido a lo largo de la vida mis referencias familiares y eclesiales, me encontré siendo responsable (que no víctima) de un aborto totalmente consciente, y ésa es la gravedad mortal de muchos casos de aborto. Dios sabe que cada caso es único, y que muchas mujeres son “engañadas” por esto y aquello, pero siempre queda el hecho de que hay una muerte, y eso JAMÁS es una bendición. Todos ellos necesitan la misericordia de nuestro Dios y no pueden esquivar un verdadero arrepentimiento.

En lo que me concierne, a pesar de mis raíces, machacadas por la influencia del 68, enteramente sola, guardándome bien de pedir consejo a mis más cercanos o el consejo de la Iglesia o el consejo del padre de la criatura… yo planteé lo que hoy denomino un NO ESPIRITUAL TOTAL y MORTAL: lo absolutamente contrario al SÍ ESPIRITUAL DE VIDA, con una rabia poco común  y con una total satisfacción de alivio.

Esa pequeña vida y mi vida no podían coexistir y yo elegí MI vida sin ningún escrúpulo de conciencia. ¡Uf! EL ALIVIO TOTAL.

En aquel periodo de mi vida yo me había apartado de toda relación con mi Señor, pero tres años más tarde su misericordia infinita vino a buscarme al fondo de mi pozo.

Inmediatamente me confesé, pero con una conciencia del acto muy débil y recibiendo poca luz a través de esa confesión, ahí donde el fruto de la misericordia debía ser viril y claro.

Los problemas psicológicos conocidos que siguen a todo aborto sustituyeron al “alivio” y yo no tenía ninguna luz para avanzar en ese camino de reconstrucción.

¡Y así durante 25 años! ¡25 años de miseria y sufrimientos!

Un día, providencialmente, encontré en una librería el libro Le fruit de tes entrailles [El fruto de tus entrañas], de Nelly Astelli-Hidalgo, que fue para mí el camino de sanación que pude completar por la mediación de la “Madre de Misericordia” el 31 de enero de 1991 en el seno de un acto litúrgico significativo y colmante.

Pude al fin mantenerme más o menos en pie.

Lo que extraigo de esta experiencia es la increíble rapidez con la que se pierde la fe según las influencias recibidas y el redescubrimiento de que el pecado MORTAL existe.

Existe posiblemente en esa elección crucial de sí o no a la vida por nuestra entera libertad y voluntad con sus consecuencias eternas.

Es absolutamente urgente decirlo desde la más tierna edad y recordar la preparación para la muerte, púdicamente denominada “fin de la vida”.

Durante 25 años, tras mi conversión, jamás escuché en las homilías la menor alusión al “respeto a la vida”, ni jamás encontré folletos a la salida de la iglesia hablándome de tal o cual lugar, y jamás escuché en la catequesis de niños o adolescentes la menor alusión a nuestra misión de AMOR a través de la maternidad y de la paternidad.

En 2016 la situación es la misma, agravada por el contexto actual.

Nos hemos visto inundados por la literatura sobre la sexualidad “desde la edad de 3 años” y para toda edad y condición, a base de unos tópicos morales proporcionales a la libertad de expresión al nivel evocado.

Ése es el campo de evangelización exigente, magnífico y vital que se encuentra ante nosotros.

Es ahí donde la Iglesia, los obispos de cada diócesis, los sacerdotes de cada parroquia tienen un inmenso papel que jugar: HABLAR, INFORMAR ORALMENTE Y POR ESCRITO (folletos), POR INTERNET, CATEQUIZAR por todos los medios para detener esta hemorragia de vidas.

Cuando leí la postura que ustedes adoptaron, valiente e indispensable, en cuanto obispos, salté de alegría y me prometí escribirles para mostrarles un inmenso agradecimiento por su intervención pública.

Si pueden difundir este testimonio total o parcialmente, con mis iniciales, les estaría muy reconocida para honrar la luz que nos viene a través de la primera y la segunda Alianza, la Palabra de Dios.

Actualmente soy “guardia de honor” y adoradora reparadora (nocturna) y les garantizo totalmente mi pobre oración.

Les agradezco infinitamente la atención a este testimonio, y en unión de oración viva,

C.N.        (borrado el resto)

FUENTE: Religión en libertad

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