volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

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Ante la enfermedad: «Por favor, no te vengas abajo»

Posted by jorgellop en diciembre 19, 2013

Cristina afrontó, este martes, su 15ª sesión de quimioterapia con fuerzas renovadas, gracias a la carta del Papa Francisco que acababa de recibir. Ella le había escrito unas semanas antes, hablándole de su enfermedad y su próxima Confirmación. 


Cristina, con sus padres, el día de su Confirmación

Queridísimo Papa Francisco:

Me llamo Cristina Sesé de Lucio, tengo 17 años y le escribo desde Madrid (España). Vivo con mis padres, María Jesús y Ernesto, y con mis hermanas Begoña, de 21 años, e Irene de 13 años. Estoy estudiando 2º de Bachillerato en el Colegio Sagrada Familia.

Mi vida ha sido como la de cualquier chica de mi edad hasta el pasado mes de abril, cuando, el día 4, me diagnosticaron sarcoma de Ewing, cáncer de hueso. Lo tenía localizado en la zona central del fémur derecho, en unos 10 cm. Tras los primeros momentos de preocupación, toda la familia decidimos ponernos en manos de Dios y de los médicos.

Para quitar el hueso cancerado me operaron el día 8 de agosto, sustituyéndolo por una prótesis. Actualmente, camino con muletas y me encuentro mucho mejor. Saco fuerzas para seguir adelante. Me volverán a operar para quitarme la prótesis y hacerme un injerto de hueso para volver a tener una cierta normalidad.

El principio no fue fácil, pero siempre he recibido el apoyo de Jesús que lo siento en mi vida. Enseguida se hizo una cadena de oración por mí y por mi familia, que nos ha reconfortado siempre.

Este cáncer me ha limitado físicamente, por lo que ahora necesito ayuda constante, pero no he dejado de rezar, ni de estudiar, ni de hacer mi vida normal, sobre todo gracias al esfuerzo de toda mi familia tan cristiana.

También ha sido fundamental en estos meses mi grupo cristiano que me han ayudado a confiar todavía más en el Señor, y me repito muchas veces al día: «Cuando Dios quiera, como Dios quiera, donde Dios quiera».

Él permite la enfermedad, y por tanto la mía, pero también da la cura, y, pese a todo, yo no puedo dejar de sentirme afortunada. Ofrezco mi enfermedad al Señor y pongo mi sufrimiento ante la cruz.

Le siento en mí y sé que me busca en cada esfuerzo que tengo que hacer cada día. En cada gesto de mi familia, de mis amigas, de mis profesores, el Señor me pone la mano para que no caiga y para que algún día pueda decir que todo me ha servido para ser más fuerte y ser testimonio para anunciar a Jesús a los demás.

Y me gustaría en un futuro poder ser de ayuda a personas que pasen por situaciones parecidas a la mía.

El próximo día 30 de noviembre, recibiré el sacramento de la Confirmación junto a otros 18 compañeros de mi edad. Pido al Señor con todas mis fuerzas, aunque esté débil por mi enfermedad, que el Espíritu Santo me ilumine para ser testigo de la fe y reflejar a Jesús a lo largo de mi vida.

Desde la humildad, le pido, Santidad, su Bendición para este grupo de jóvenes cristianos ilusionados ante tan importante paso hacia Dios. Muchas gracias por su vida, Papa Francisco. Como nos ha enseñado: Yo rezo por Su Santidad y, por favor, rece también usted por mí.

Cristina

Vaticano, 3 de diciembre de 2013. Apreciada Cristina:

Me ha alegrado mucho recibir tu carta del pasado 20 de noviembre. Que el Señor te retribuya la delicadeza. Me hizo mucho bien percibir la fortaleza con la que estás afrontando este período de tu vida, ciertamente especial: son momentos difíciles.

Por favor, no te vengas abajo. La enfermedad, si la miramos con espíritu de fe, es una escuela. En ella aprendes a conocer en profundidad el Corazón de Dios, que rebosa ternura. Aprendes a conocer a los demás, pues cuando el viento sopla a favor, todo son risas y parabienes. Es en medio del dolor cuando se descubre dónde están los auténticos amigos y las personas que te quieren de verdad.

Y, por último, aunque no menos importante, en la enfermedad uno aprende a conocerse mejor a sí mismo y te das cuenta de que el Señor no te deja de su mano, antes bien te da una serie de recursos interiores para encarar la adversidad, que incluso uno mismo llega a maravillarse. Si a todo esto, como me dices en tu escrito, añades que hace pocos días que has recibido la luz del Espíritu Santo en el sacramento de la Confirmación, pues mejor que mejor. Que este don de Dios te ayude a ser mejor cristiana y una mujer cada día más valiente, que mire la vida sin complejos. Sabes bien que Dios nunca te va a fallar.

Te aseguro que cuentas con mi cercanía y oración. Pediré por ti y le diré al Señor que te siga ayudando y aumente ese entusiasmo y confianza que respira tu carta. Por tu parte, no te olvides de rezar por mí: sola, pero también con tu familia y, cómo no, con los amigos que has conocido en la parroquia de Santa Ana y La Esperanza y en el Colegio Sagrada Familia. No os dejéis robar la alegría.

Saluda de mi parte a los médicos que te cuidan. No dudo que pondrán lo mejor de sí mismos a tu servicio. Un saludo también a tus padres, María Jesús y Ernesto, a tus hermanas, Begoña e Irene, a tus profesores y a tu párroco, el padre Ángel.

Al acercarse la Navidad, te deseo que sean unos días muy llenos de la gracia y el gozo de Dios, y que los vivas muy unida a san José y a Nuestra Señora. Prepárate a recibir a Jesús con el mismo amor con que ellos lo hicieron.

Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide. Y, por favor, te pido que reces por mí. Afectuosamente,

Francisco

Fuente: Alfa y Omega

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El Papa Francisco y las bombillas

Posted by jorgellop en noviembre 30, 2013

Han sido muchas las maneras que el papa Francisco nos ha enseñado a vivir la pobreza.  Pero hace unos días vi en una publicación digital algo que había escuchado a una persona que había pasado por Roma.

Allí es conocido su afición a apagar las luces por los pasillos de las oficinas y logias vaticanas.

“Ahorrando luz se da sueldo a un párroco”, ha afirmado más de una vez el Pontifice.

El Papa no es un hombre sólo de gestos, vive y hace como piensa. Por eso, entre otras cosas, resulta  tan cercano: realiza lo que tu y yo hacemos.

¿Quién no va apagando luces innecesarias por los pasillos?

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¿El Papa se confiesa como tu y yo?

Posted by jorgellop en noviembre 21, 2013

La gente, a veces, se pregunta si un sacerdote se confiesa y con quién. Ayer en la Audiencia de los miércoles el Papa Francisco, no sólo animó a la confesión a los sacerdotes sino reveló cada cuánto él lo hacía.

También los sacerdotes deben confesarse, también los obispos, todos somos pecadores, también el papa se confiesa cada 15 días, porque el papa también es un pecador. El confesor escucha las cosas que yo le digo, me aconseja y me perdona. ¿Y por qué? Porque todos necesitamos este perdón

En la Audiencia trató de otros temas concretamente habló de que Dios no se cansa de perdonarnos, respondió a los que dicen que se confiesan directamente con Dios o salió al paso de los que no se acercan al sacramento porque les da vergüenza.

A estos dedicó estas palabras:

Es un don, también una cura, una protección, y también la seguridad de que Dios me ha perdonado. Yo voy donde el hermano sacerdote y digo ‘padre, he hecho esto’, pero ‘yo te perdono’ y es Dios que perdona. Y yo estoy seguro en ese momento que Dios me ha perdonado y esto es bonito. Esto es la seguridad de lo que nosotros decimos siempre: Dios siempre nos perdona, no se cansa de perdonar. Nosotros no debemos cansarnos de ir a pedir perdón. Pero ‘padre, a mí me da vergüenza ir a decir mis pecado”. Pero mira, nuestras madres, nuestra abuelas decían que es mejor ponerse rojo una vez que mil veces amarillo. Tú te pones rojo una vez, te perdonan los pecados y adelante

Si alguien quiere acceder al texto completo y ver algo que vale la pena, aquí tiene el enlace.

http://www.zenit.org/es/articles/texto-de-la-catequesis-del-papa-francisco-en-la-audiencia-del-miercoles–3

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¡De lo que me he enterado!

Posted by jorgellop en noviembre 16, 2013

Carta al director del semanario Alfa y Omega:

asombro

He comenzado, en mi parroquia, los Talleres de Oración, del padre Ignacio Larrañaga, y estoy maravillada. Me he enterado de que Dios es un Padre bueno que me ama incondicionalmente, que me perdona y acompaña siempre, que vigila mis sueños. Me he enterado de que Jesús descubrió cómo era su Padre y que le llamó Abbapapaíto, y que hablaba con Él con confianza y ternura. Me he enterado de que cada uno somos sus hijos queridos, como si fuéramos su único hijo, que lleva nuestro nombre grabado y nos ama siempre gratuitamente, sin que lo merezcamos. Me ama sin ningún interés, porque Él es el Amor. Me he enterado de que los alejados, los pecadores y los pobres son sus preferidos, que la manera de atraer a los pecadores es con amor y no con amenazas. Me he enterado de que en el amor no hay temor, que el mal del amor es el temor, que Dios nos recibe con los brazos abiertos. Me he enterado de que los últimos serán los primeros; que el fracaso, la enfermedad, la muerte llegarán, pero aparecerá el amor y desaparecerá el temor, el fracaso, la enfermedad; incluso la muerte. Me he enterado de que el primero en entrar en el paraíso fue un ladrón, un asesino. ¡Qué fuerte! ¿A que es para estar maravillado? Todo esto ya me lo habían dicho, pero soy una olvidadiza… Ahora me lo voy a escribir para leerlo cada día y que no se me olvide, para vivir siempre feliz, sentirme amada por Dios y dejarme amar por Él, no tener miedo a nada y estar en presencia de Dios.

Teresa Martínez Espejo
Albacete

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Oración de un soldado ruso de la Segunda Guerrra Mundial

Posted by jorgellop en noviembre 14, 2013

Esta es la oración encontrada en el bolsillo de  Aleksander Zacepa, un soldado ruso fallecido durante la Segunda Guerra Mundial.

Este hombre de ninguna formación religiosa, quiere dejar por escrito, horas antes de entrar en combate, los sentimientos que agitan su alma.

La oración es maravillosa y sin quererlo ha dejado unas líneas de las que otros se han servido para dirigirse a ese Dios que el buscaba.

Esta es la oración íntegra:

¡Escucha, oh Dios! En mi vida no he hablado ni una sola vez contigo,

pero hoy me vienen ganas de hacer fiesta.

Desde pequeño me han dicho siempre que Tú no existes…

Y yo, como un idiota, lo he creído.

 

Nunca he contemplado tus obras,

pero esta noche he visto desde el cráter de una granada el cielo lleno de estrellas

y he quedado fascinado por su resplandor.

En ese instante he comprendido qué terrible es el engaño…

 

No sé, oh dios, si me darás tu mano,

 pero te digo que Tú me entiendes…

¿No es algo raro que en medio de un espantoso infierno

se me haya aparecido la luz y te haya descubierto?

 

No tengo nada más que decirte.

Me siento feliz, pues te he conocido.

A medianoche tenemos que atacar,

pero no tengo miedo,

Tú nos ves.

 

¡Han dado la señal!

Me tengo que ir.

¡Qué bien se estaba contigo!

Quiero decirte, y Tú lo sabes, que la batalla será dura:

quizá esta noche vaya a tocar a tu puerta.

Y si bien hasta ahora no he sido tu amigo, cuando vaya,

 ¿me dejarás entrar?

 

Pero, ¿qué me pasa? ¿Lloro?

Dios mío, mira lo que me ha pasado.

Sólo ahora he comenzado a ver con claridad…

Dios mío, me voy… Será difícil regresar.

Qué raro, ahora la muerte no me da miedo”.

Fuente: Religióenlibertad

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