volver a nacer

Sentido del sufrimiento y del dolor. El valor positivo de la enfermedad

Archive for the ‘testimonios’ Category

Yo era anoréxica (II)

Posted by jorgellop en julio 20, 2014

Vivíamos en un pequeño apartamento, donde quedaron expuestos mis extraños hábitos para comer y mi neurosis de ejercicio. Sé que debí parecer extraña con mi complexión, raspones, el pelo que se me caía y los huesos que salían de la piel. Cuando veo mis fotografías cuando tenía 18 años, me horroriza lo terrible que me veía.

Pero ellas no se sintieron así. No me trataron como a una persona con un problema. No me dieron sermones, no me daban de comer a la fuerza, no hubo chismes, no había malas caras. Casi no sabía qué hacer.

Casí inmediatamente me sentí una más de ellas, excepto en que no comía. Asistíamos juntas a clases, hacíamos trabajos juntas, salíamos a correr por las tardes, veíamos la televisión y salíamos juntas lo sábados.

Mi anorexia, por primera vez, dejó ser el tema central. En vez de ello, pasamos largas noches discutiendo sobre nuestras familias, ambiciones e incertidumbres.

Quedé absolutamente asombrada por nuestras similitudes. Por primera vez, literalmente en años, me sentí comprendida. Sentí que alguien se había tomado el tiempo para entenderme como persona, en vez de tratar de arreglar primero mi problema. Para estas tres jóvenes, no era una anoréxica que necesitaba tratamiento. Era tan solo la cuarta joven.

Conforme se desarrolló mi sensación de vivir, comencé a observarlas. Eran felices, atracativas, inteligentes y ocasionalmente comían una galleta que sacaban directamente de la bolsa. Si tenían tanto en común con ellas, ¿por qué no podía hacer yo también tres comidas al día?

Pam, Julie y Lavon nunca me dijeron que me curara a mí misma. Me lo demostraron todos los días, y realmente se esforzaron por comprenderme  antes de tratar de curarme. Al final de mi primer semestre universitario, ya ponían un lugar para mí en la mesa. Y me sentía bien recibida.

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Elogio al voluntario

Posted by jorgellop en julio 18, 2014

Llevo varios días en Portugal con un grupo de jóvenes que están haciendo voluntariado. Después de varios días en Fátima, ahora se encuentran en Oporto. Preparando una clase me he encontrado con estás líneas que compruebo se cumplen muy bien en las que me acompañan.  Las he retocado un poco…

Yo quiero despertar a personas, sobre todo jóvenes, para que se hagan voluntarios.

Ser voluntario es entrar en la calle, en la casa, en el hospital, en la cárcel, en el pueblo y en la aldea donde hay un ser que sufre.

Ser voluntario es entrar con el corazón, en el corazón del que lo pasa mal.  Cuando un voluntario visita a alguien que está solo le cura la soledad; cuando le habla, le ayuda, le escucha y le siente, el solitario mejora de la soledad, que es (junto a otras) la enfermedad de los ancianos.

Se sabe que el voluntario va a trabajar gratis, no a ganar nada

Esto último no es verdad podría añadir alguno: El voluntario va a ganar muchísimo; va a ganar el placer de ser útil, la risa de un anciano, la sonrisa de un enfermo, el abrazo de un niño sin padres, la amistad de un paralítico o el cariño de un preso.

El joven voluntario deja voluntariamente de ir a la discoteca, a la barra, para ir desde la silla a la cama con un minusválido en brazos.

Hacerse voluntario también es salvarse del aburrimiento que acecha, salvarse de lo vulgar, de lo material, y os hace sentir que sois útiles, que sois solidarios, que sois  amorosos, que sois importantes, que sois una aspirina inmensa.

Quien prueba ser voluntario se cura de tantas cosas. Da una patada al egoísmo y a la superficialidad…¡Que no es poco!

 

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Testigo del asesinato de su familia…¿Se puede reaccionar mejor?

Posted by jorgellop en julio 15, 2014

Después de ver asesinar a toda su familia, Cassidy Stay, hace estas declaraciones:

“Sé que mamá, papá, Brian, Emily, Becca y Zach están en un lugar mucho mejor y que seré capaz de verles otra vez algún día. La felicidad puede ser encontrada incluso en los momentos más oscuros”

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El tren de la vida

Posted by jorgellop en diciembre 22, 2013

Me han llegado dos felicitaciones con el mismo tema, una con fotos, otra sin ellas. En las dos da ideas para reflexionar. Ahí va.


La vida es como un viaje en un tren, con sus estaciones, sus cambios de vías, sus accidentes!!! Al nacer nos subimos al tren y nos encontramos con nuestros padres, y creemos que siempre viajaran a nuestro lado, pero en alguna estación ellos se bajaran dejándonos en el viaje solos.

De la misma forma se subirán otras personas, serán significativas: nuestros hermanos, amigos, hijos y hasta el amor de nuestra vida. Muchos bajaran y dejaran un vacío permanente.. Otros pasan tan desapercibidos que ni nos damos cuenta que desocuparon sus asientos!! Este viaje estará lleno de alegrías, tristezas, fantasías, esperas y despedidas.

El éxito consiste en tener una buena relación con todos los pasajeros, en dar lo mejor de nosotros. El gran misterio para todos, es que no sabemos en que estación nos bajaremos, por eso, debemos vivir de la mejor manera, amar, perdonar, ofrecer lo mejor de nosotros…

Así, cuando llegue el momento de desembarcar y quede nuestro asiento vacío, dejemos bonitos recuerdos a los que continúan viajando en el tren de la vida!!!! Te deseo que el viaje en  tu tren para el año q viene sea mejor cada día, cosechando éxitos y dando mucho amor. Ah! Os doy las gracias a todos por ser pasajeros de mi tren.

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Ante la enfermedad: «Por favor, no te vengas abajo»

Posted by jorgellop en diciembre 19, 2013

Cristina afrontó, este martes, su 15ª sesión de quimioterapia con fuerzas renovadas, gracias a la carta del Papa Francisco que acababa de recibir. Ella le había escrito unas semanas antes, hablándole de su enfermedad y su próxima Confirmación. 


Cristina, con sus padres, el día de su Confirmación

Queridísimo Papa Francisco:

Me llamo Cristina Sesé de Lucio, tengo 17 años y le escribo desde Madrid (España). Vivo con mis padres, María Jesús y Ernesto, y con mis hermanas Begoña, de 21 años, e Irene de 13 años. Estoy estudiando 2º de Bachillerato en el Colegio Sagrada Familia.

Mi vida ha sido como la de cualquier chica de mi edad hasta el pasado mes de abril, cuando, el día 4, me diagnosticaron sarcoma de Ewing, cáncer de hueso. Lo tenía localizado en la zona central del fémur derecho, en unos 10 cm. Tras los primeros momentos de preocupación, toda la familia decidimos ponernos en manos de Dios y de los médicos.

Para quitar el hueso cancerado me operaron el día 8 de agosto, sustituyéndolo por una prótesis. Actualmente, camino con muletas y me encuentro mucho mejor. Saco fuerzas para seguir adelante. Me volverán a operar para quitarme la prótesis y hacerme un injerto de hueso para volver a tener una cierta normalidad.

El principio no fue fácil, pero siempre he recibido el apoyo de Jesús que lo siento en mi vida. Enseguida se hizo una cadena de oración por mí y por mi familia, que nos ha reconfortado siempre.

Este cáncer me ha limitado físicamente, por lo que ahora necesito ayuda constante, pero no he dejado de rezar, ni de estudiar, ni de hacer mi vida normal, sobre todo gracias al esfuerzo de toda mi familia tan cristiana.

También ha sido fundamental en estos meses mi grupo cristiano que me han ayudado a confiar todavía más en el Señor, y me repito muchas veces al día: «Cuando Dios quiera, como Dios quiera, donde Dios quiera».

Él permite la enfermedad, y por tanto la mía, pero también da la cura, y, pese a todo, yo no puedo dejar de sentirme afortunada. Ofrezco mi enfermedad al Señor y pongo mi sufrimiento ante la cruz.

Le siento en mí y sé que me busca en cada esfuerzo que tengo que hacer cada día. En cada gesto de mi familia, de mis amigas, de mis profesores, el Señor me pone la mano para que no caiga y para que algún día pueda decir que todo me ha servido para ser más fuerte y ser testimonio para anunciar a Jesús a los demás.

Y me gustaría en un futuro poder ser de ayuda a personas que pasen por situaciones parecidas a la mía.

El próximo día 30 de noviembre, recibiré el sacramento de la Confirmación junto a otros 18 compañeros de mi edad. Pido al Señor con todas mis fuerzas, aunque esté débil por mi enfermedad, que el Espíritu Santo me ilumine para ser testigo de la fe y reflejar a Jesús a lo largo de mi vida.

Desde la humildad, le pido, Santidad, su Bendición para este grupo de jóvenes cristianos ilusionados ante tan importante paso hacia Dios. Muchas gracias por su vida, Papa Francisco. Como nos ha enseñado: Yo rezo por Su Santidad y, por favor, rece también usted por mí.

Cristina

Vaticano, 3 de diciembre de 2013. Apreciada Cristina:

Me ha alegrado mucho recibir tu carta del pasado 20 de noviembre. Que el Señor te retribuya la delicadeza. Me hizo mucho bien percibir la fortaleza con la que estás afrontando este período de tu vida, ciertamente especial: son momentos difíciles.

Por favor, no te vengas abajo. La enfermedad, si la miramos con espíritu de fe, es una escuela. En ella aprendes a conocer en profundidad el Corazón de Dios, que rebosa ternura. Aprendes a conocer a los demás, pues cuando el viento sopla a favor, todo son risas y parabienes. Es en medio del dolor cuando se descubre dónde están los auténticos amigos y las personas que te quieren de verdad.

Y, por último, aunque no menos importante, en la enfermedad uno aprende a conocerse mejor a sí mismo y te das cuenta de que el Señor no te deja de su mano, antes bien te da una serie de recursos interiores para encarar la adversidad, que incluso uno mismo llega a maravillarse. Si a todo esto, como me dices en tu escrito, añades que hace pocos días que has recibido la luz del Espíritu Santo en el sacramento de la Confirmación, pues mejor que mejor. Que este don de Dios te ayude a ser mejor cristiana y una mujer cada día más valiente, que mire la vida sin complejos. Sabes bien que Dios nunca te va a fallar.

Te aseguro que cuentas con mi cercanía y oración. Pediré por ti y le diré al Señor que te siga ayudando y aumente ese entusiasmo y confianza que respira tu carta. Por tu parte, no te olvides de rezar por mí: sola, pero también con tu familia y, cómo no, con los amigos que has conocido en la parroquia de Santa Ana y La Esperanza y en el Colegio Sagrada Familia. No os dejéis robar la alegría.

Saluda de mi parte a los médicos que te cuidan. No dudo que pondrán lo mejor de sí mismos a tu servicio. Un saludo también a tus padres, María Jesús y Ernesto, a tus hermanas, Begoña e Irene, a tus profesores y a tu párroco, el padre Ángel.

Al acercarse la Navidad, te deseo que sean unos días muy llenos de la gracia y el gozo de Dios, y que los vivas muy unida a san José y a Nuestra Señora. Prepárate a recibir a Jesús con el mismo amor con que ellos lo hicieron.

Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide. Y, por favor, te pido que reces por mí. Afectuosamente,

Francisco

Fuente: Alfa y Omega

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